Domingo, 30 de Agosto 2026

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Las elegancias del tío Félix

Por: Carlos Enrigue

Las elegancias del tío Félix

Las elegancias del tío Félix

Cada pariente tiene sus propias singularidades y así sabemos que en el caso de Tolito, sus penas son de amor y el tío Félix, otro pariente peculiar, lo suyo es la elegancia.

Probablemente usted recuerde que cuando éramos jóvenes, la Cuaresma tenía un sentido muy particular en estas tierras y así, en todos los templos se cubrían todas las imágenes con unas telas moradas; en las iglesias no se tocaban campanas sino una especie de matraca que hacía un ruido singular a la hora de la celebración de la misa. Durante toda la Semana Santa, todas las estaciones de radio tocaban solamente música clásica y obviamente también durante el periodo cuaresmal sentíamos que se daban las mejores películas. Los parroquianos adoptábamos diferentes conductas, siempre en busca de un sacrificio, que en aquel tiempo parecía ser agradable al Señor. Y así, había gente que no se bañaba durante la Cuaresma y con el calor que hace por estas tierras, no le quiero contar del olor de aquellos sujetos. Otros se dejaban crecer la barba, o sea, no se rasuraban.

Yo mismo, en una ocasión, prometí no beber ninguna copa en ese periodo y créame que ya después veía el diablo a puños, desde entonces decidí hacer lo que hace otro querido pariente: tomar un día sí y un día no, que es más tolerable. Y el tío Félix no nada más no prometía eso, sino que bebía hasta en la Semana Mayor y eso no era bien visto. Él era de Arandas, donde se supone eran muy religiosos. Un día la tía Atenea lo citó para ver qué iban a hacer con su “problema”, esto es, el alcoholismo. A lo cual el tío decía que era necesario beber para vivir.

Félix era el clásico que toda su ropa era de tres puestas: su abuelito, su papá y él, y para que vea usted lo singular del sujeto, se casó en la catedral con un frac a modo, que incluía polainas —y polainas originales— y un escudo de las cabras, ya que su abuelo fue de los fundadores de ese club. Asistía a los toros con traje corto y el matador De la Peña, que de esto y de muchas cosas sabe, decía que los únicos que iban de corto a la plaza en Guadalajara eran mi dilecto amigo José Manuel Gómez Vázquez Aldana, que en gloria esté, y el tío Félix.

Pero la elegancia no nada más se daba en esos aspectos sino que, dado el calor de esta plaza, él proponía vestir como en Bahamas, con pantalón corto y traje de lino cruzado, con un moño distintivo que cuando lo usaba, muchos burlescos, entre ellos algún hermano mío, decía que lo desconocía, y otros le decían “el regalito”.

No quiero que usted, mi solitario lector, llegue a pensar de ninguna manera que el suscrito es contrario a la ingesta de bebidas alcohólicas, qué esperanzas, mantengo la teoría de mi bisabuelo, que decía que en esta vida había que beber fuerte, comer fuerte y esperar la muerte.

@enrigue_zuloaga

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