Domingo, 01 de Marzo 2026

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La televisión de los sesenta

Por: Abel Campirano

La televisión de los sesenta

La televisión de los sesenta

En la década de los sesenta, uno de los pasatiempos favoritos de la familia y particularmente de los niños, fue ver la televisión, porque era la novedad. Llegó para quedarse y eso que tenía la competencia de los tradicionales juegos de la infancia y las matinés en el Reforma y en el Microcine.

En 1955 empezaron las primeras transmisiones, aunque desde 1947, gracias a Guillermo González Camarena, se habían hecho en forma experimental y con bastante éxito. El primer canal de televisión en México fue el Canal 4, que transmitía desde la Ciudad de México, e inició transmisiones en el año de 1950, el primer día de septiembre, cuando se transmitió desde el antiguo Palacio de Donceles el cuarto informe de Gobierno del presidente Miguel Alemán, y al terminar se presentó el primer noticiario que se llamaba “Noticias” con Gonzalo Castellot.

Fue un verdadero boom. Todos queríamos tener un aparato tele receptor en casa. Las marcas más conocidas eran Zenith, Philco, Admiral, Telefunken, Blaupunkt y Philips, creo también General Electric, sin estar muy seguro; venían en lujosos gabinetes de madera, aunque también había portátiles con pantallas más pequeñas.

Las televisiones requerían de un regulador de voltaje y requerían de una antena aérea que se conectaba mediante un cable desde la azotea de las casas y se tenía que orientar y ajustar constantemente para tener buena recepción.

Algunos afortunados que tenían televisión en casa hacían su negocito. Por solo diez centavos podíamos ver la tele encaramados en las rejas de las ventanas de la calle, allí, colgados como changos, veíamos a lo lejos los programas, pero también había la posibilidad de pagar veinte centavos de aquellos veintes de cobre, y nos dejaban pasar a la sala donde estaba la televisión y allí, sentados en pleno suelo, estábamos varias filas de televidentes incipientes viendo eso que parecía magia. “El cinito” le llamaban algunos.

Casi todos los programas eran en blanco y negro. Recuerdo que una vecina, lista como ella sola, dijo a las vecinas del barrio que en su televisión se podían ver las imágenes a color, lo cual despertó la curiosidad de los chiquillos y cuál va siendo nuestra sorpresa, que había colocado sobre la pantalla unos plásticos de varios colores, y por supuesto ya se imaginarán ver el caballo tordillo del Llanero Solitario, en algunas escenas de color verde y en otros rojo. No duró mucho el negocio, pues pronto nos dimos cuenta del timo.

En el año de 1955 empezó a transmitirse un programa que muchos recordarán: “Teatro Fantástico”, producido y realizado por Enrique Alonso “Cachirulo” y que se transmitía los domingos por la tarde, patrocinado por la fábrica de chocolates “La Azteca”, cuyo producto emblema era el “Chocolate Express”.

“Cachirulo” presentaba cada semana cuentos cortos, fábulas y fragmentos de obras clásicas de la literatura universal; allí conocimos a “La bruja escaldufa”, a “Fanfarrón”, a “Altagracia” y “Altamira”, con unas elementales escenografías de cartón, pero que con la magia de la televisión transportaban a los televidentes a los verdaderos escenarios donde se desarrollaban las historias.

Un programa inolvidable; me acuerdo de “Cachirulo”, que conducía un trenecito en el inicio del programa donde, al ritmo de “choco, choco, choco, late, late, late”, dicho cada vez más rápido, emulando el desplazamiento del ferrocarril, invitaba a los niños a tomarse su “chocolatote” y recomendaba que se preparara con el Chocolate Express, “el que les gusta a los niños, a los papás de los niños, y a los papás de los papás de los niños”.

En ese tiempo, las producciones de la televisión de Estados Unidos llegaban al por mayor a nuestro país y eran las que integraban la mayor parte de la programación de los incipientes canales de televisión, encabezados por Telesistema Mexicano (hoy Televisa). Eran series del oeste principalmente, de detectives y por supuesto películas.

Entre otras series que recuerdo, estaba una de aventuras de un perro pastor alemán que era la mascota de un niño y se convirtió en mascota de un fuerte. Me refiero a “Las Aventuras de Rintintín”, que empezaba con el toque de reunión de la tropa del ejército del norte, y en perfecta formación estaban los soldados encabezados por el cabo Rusty, un simpático niño siempre acompañado de su fiel perrito Rintintín (un hermoso pastor alemán), que era la figura principal de la serie, pues lo mismo ayudaba a rescatar a un explorador o a un soldado extraviado o herido que a localizar a los traficantes de armas que les vendían a los indios. Hubo algunas otras series que tenían como protagonista a un animal como Lassie y Mister Ed, aunque ya fueron transmitidas bien entrada la década de los sesenta.

Bonanza, que hizo historia relatándonos vida y milagros de la familia de Ben Cartwright en el rancho “La Ponderosa”, ubicado a orillas del Lake Tahoe en el Estado de Nevada, donde criaban ganado y tenían un aserradero donde hacían durmientes para el ferrocarril (hablamos de las postrimerías del siglo XIX); los Cartwright eran Ben, el papá, y sus tres hijos, Adam, Hoss y Joe, hijos de tres mujeres diferentes puesto que el padre enviudó en tres ocasiones, una de las series más longevas.

Me acuerdo también de otras series como “Revólver a la orden”, “La ley del revólver” (Gunsmoke), con el marshall Dillon, “Historias de la Wells Fargo”, “Las aventuras de Roy Rogers”, “El Llanero Solitario”, “Disneylandia”, “El investigador submarino” y muchas más.

Otra parte de la programación la integraban las caricaturas: El Oso Yogui, Los Picapiedra, Los Supersónicos, Maguila Gorila, el Lagarto Juancho, Tom y Jerry, Bugs Bunny, el Conejo de la Suerte, Huckleberry Hound, Piolín y Silvestre, El Rey Leonardo, Popeye, Betty Boop, El Súper Ratón y muchas más.

Hablando de series de detectives, recuerdo “Ballinger de Chicago”, con Lee Marvin; “En la cuerda floja”, con Mike Connors; había un detective chino llamado Charlie Chan cuya serie llevaba precisamente ese nombre; estaba también la serie “Misterio en su casa”, “La hora de Alfred Hitchcock”, el mago del suspenso, “La dimensión desconocida” y muchas otras más que por razones de espacio debo por el momento omitir.

Generalmente, las transmisiones de televisión se iniciaban en la tarde, aunque la televisión matutina inició desde México. La señal de Canal 4 nos traía en el año 1965 el noticiero “Su Diario Nescafé”, con Jacobo Zabludovsky, Mario Agredano y Norma Philippe. Por las noches veíamos “Anatomías”, con Jorge Saldaña, y el noticiero “Cuestión de minutos”, con Juan López Moctezuma. Previamente Jacobo había producido el Noticiero General Motors.

“Noches Tapatías” fue otro programa inolvidable, patrocinado por una empresa tequilera, conducido por Jorge Zúñiga y Rubén Zepeda Novelo, donde se presentaron Pepe Guízar, Queta Jiménez “La Prieta Linda”, María de Lourdes, Jorge Macías, Lola Beltrán, Lucha Villa, Las Hermanitas Núñez y José Alfredo Jiménez, entre otros grandes artistas. Otros programas del recuerdo: “Teatro Estudio Raleigh”, con Pedro Vargas, y “Domingos Herdez”, con Chucho Salinas y Héctor Lechuga, y muchos otros que se quedarán pendientes de mencionar. Como siempre, los recuerdos son muchos, pero bueno, la semana entrante, si Dios me lo permite, tendré de nuevo la oportunidad de seguir compartiendo con ustedes estos recuerdos aquí en EL INFORMADOR, la mejor compañía de su desayuno, disfrutando de su cafecito y los bísquets con mantequilla y mermelada de fresa.

lcampirano@yahoo.com

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