El gobierno de la presidenta Sheinbaum volverá a presumir otra cifra récord en inversión extranjera directa: México captó 34 mil 968 millones de dólares de IED durante el primer semestre de 2026. Un 2.1% más que en el mismo periodo de 2025. El problema es que, cuando se revisa la cifra, el festejo se parece más a una fotografía con filtros que a una señal de despegue económico real.De esos casi 35 mil millones de dólares, 30 mil 957 millones —88.5% del total— son reinversión de utilidades. Es dinero de empresas que ya estaban instaladas, que obtuvieron ganancias aquí y decidieron no repatriarlas todavía. No es malo que el país tenga reinversión de utilidades, confirma que muchas operaciones siguen siendo rentables. Pero no es lo mismo que conseguir una planta nueva, abrir una línea de producción adicional o crear empleos que antes no existían.La cifra verdaderamente importante es la de inversiones nuevas. Éstas sumaron apenas 2 mil 726 millones de dólares, 7.8% de la IED total. Un año antes fueron 4 mil 749 millones. En doce meses, el flujo fresco cayó 42%. En el primer semestre de 2024 había sido de apenas 909 millones; 2025 parecía anunciar una recuperación, pero 2026 confirmó que México depende de empresas que ya están aquí, no de inversiones nuevas que amplíen su capacidad productiva.En el primer semestre de 2025 la reinversión ya representaba 84.4% del total; ahora absorbió todavía más, 88.5%. El récord total creció menos de 703 millones de dólares frente al año pasado, mientras que la inversión nueva perdió más de 2 mil millones. El gobierno presume el agregado sin explicar lo que está pasando dentro de los flujos.La manufactura recibió 13 mil 482 millones de dólares, 38.6% de toda la IED, impulsada por equipo de cómputo, comunicación y componentes electrónicos. Jalisco aparece entre los principales receptores, con mil 406 millones de dólares, 4% del total nacional. Es lógico que el gobierno subraye ese dato: el estado concentra empresas de electrónica vinculadas a la demanda de infraestructura para inteligencia artificial y a las cadenas de Norteamérica.Pero ni siquiera un estado con esa ventaja está blindado contra la parálisis. En Jalisco se crearon solo 5 mil 585 empleos formales entre enero y junio, apenas una tercera parte de los generados en el mismo periodo de 2025 y 21% de la meta anual. En junio, de hecho, se perdieron 18 mil 626 plazas formales. También desaparecieron mil 792 registros patronales en el semestre; 91% correspondió a micronegocios de uno a cinco trabajadores. El enclave exportador puede seguir funcionando mientras el resto de la economía se queda sin aire. Y lo peor: ese polo exportador de la industria electrónica prácticamente casi no genera empleo formal nuevo.La reinversión de utilidades muestra que las empresas que ya están establecidas aún encuentran razones para permanecer en el país. Lo que debe preocuparnos es la caída de la inversión nueva, ya que revela que no ven razones para apostar dinero adicional a largo plazo. Que el país cuente con certeza jurídica, energía, agua limpia, seguridad pública, reglas estables y perspectivas de demanda creciente no son adornos: son la condición mínima para que una empresa abra nuevas operaciones en México y no solo conserve la que ya tiene.México no crecerá si solo depende de la reinversión; la reinversión difícilmente traerá crecimiento futuro. Jalisco es el ejemplo perfecto que demuestra que tener una industria electrónica de clase mundial, no basta si ese dinamismo no se derrama al resto de la economía. El país no despegará si el capital nuevo decide que no vale la pena llegar a México.