Martes, 13 de Octubre 2026

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La factura del voto latino

Por: Nadine Cortés

La factura del voto latino

La factura del voto latino

Donald Trump creyó haber descubierto en 2024 una nueva mayoría. Los demócratas temieron haber perdido para siempre una parte de la suya. Probablemente ambos estaban leyendo mal el mismo fenómeno.

El voto latino no estaba cambiando de dueño. Estaba aprendiendo a no tenerlo.

Trump consiguió el 48% del voto hispano frente al 51% de Kamala Harris, una ruptura extraordinaria con la ventaja histórica demócrata. Pero, dos años después, Pew encuentra una relación de 51 a 24 a favor de los candidatos demócratas al Congreso, y NBC-Telemundo registra 59 contra 35 en la preferencia sobre qué partido debería controlarlo.

Un electorado no cambia de ideología dos veces en veinticuatro meses.

Esa es la pista.

Mi lectura es que 2024 no produjo una conversión republicana del voto latino. Produjo algo políticamente más importante: rompió la vieja identificación automática entre ser latino y votar demócrata. Trump fue beneficiario de esa ruptura, no necesariamente propietario de ella.

Los datos posteriores permiten entenderlo. Parte del avance republicano de 2024 no ocurrió porque un mismo elector pasara masivamente de Biden a Trump, sino porque cambió quién llegó a las urnas. Salieron del electorado votantes que cuatro años antes habían sido fuertemente demócratas y entraron otros, nuevos o intermitentes, mucho más favorables a Trump.

Es decir: la abstención también votó.

Y ahí está el problema de interpretar 2026 como una simple revancha demócrata.

Los latinos vuelven a mostrarse críticos con los republicanos porque ahora son ellos quienes gobiernan. El costo de vida pesa, la vivienda pesa, la atención sanitaria pesa, y una política migratoria que podía resultar atractiva cuando se hablaba de controlar la frontera adquiere otro significado cuando se traduce en redadas, deportaciones y experiencias cercanas. NBC-Telemundo encontró que dos tercios consideran que las políticas de deportación han ido demasiado lejos, al mismo tiempo que existe un amplio respaldo a deportar a quienes hayan cometido delitos graves.

Eso no es contradicción. Es sofisticación electoral.

El mismo ciudadano puede querer orden y límites; movilidad económica y protección social; pertenecer plenamente a Estados Unidos y conservar una memoria mexicana, cubana, puertorriqueña o centroamericana. Pretender traducir todo eso en una sola identidad partidista fue siempre una simplificación.

Por eso, el verdadero cambio no está entre izquierda y derecha.

Está entre lealtad y evaluación.

Trump logró en 2024 que muchos latinos votaran como trabajadores, creyentes, propietarios, padres o ciudadanos preocupados por la frontera, antes que como miembros de una categoría electoral. Pero esa libertad funciona en ambos sentidos. Quien puede abandonar a los demócratas también puede abandonar a los republicanos.

Las intermedias de 2026 quizá no nos digan a quién pertenece el voto latino.

Pueden decirnos algo bastante más relevante: que ya no pertenece a nadie.

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