En la protesta de ayer por el agua turbia hubo de todo, como en botica: ciudadanos que, con toda razón, exigieron agua limpia y soluciones al SIAPA… y otro contingente que llegó con ganas de cambiar la manifestación por el disturbio. Decenas de encapuchados, algunos presuntamente llegados de la Ciudad de México, intentaron tomar Casa Jalisco por la fuerza y armaron tremendo zafarrancho. ¿Su especialidad? Hacer ruido, provocar destrozos y ahuyentar precisamente a quienes sí tenían motivos legítimos para reclamar. ¡Ya los conocemos! Pero una cosa es exigir que el agua salga transparente y otra muy distinta querer enturbiar la protesta. Los videos, dicen, hablan por sí solos. Al final, los ciudadanos fueron por agua limpia y terminaron entre humo, empujones y encapuchados. ¡Qué manera de solidarizarse! Si la intención era ayudar a resolver la crisis, el método fue tan turbio como el agua.Destaca que el Gobierno estatal reportó 10 policías heridos de gravedad por la violencia de los encapuchados, uno de ellos con fractura de cráneo por una piedra que arrojaron. *** En la novela del agua, donde todos quieren aparecer en la foto y nadie quiere quedarse fuera de la solución, la diputada panista Claudia Murguía salió a explicar por qué no estuvo en la entrega del proyecto hídrico del Gobierno de Jalisco al Congreso. En síntesis, que sí sabía, por los medios de comunicación, que la iniciativa sería presentada ese día, pero como no hubo convocatoria formal de la Comisión de Hacienda -de la que es vocal-, prefirió atender citas previamente agendadas.Eso sí, la panista asegura que, en sus ocho años en el Congreso, ha demostrado que si alguien le entra a los temas, es ella, y pone como ejemplo la crisis del agua.Queda claro: para entrarle al problema hay disposición. Y para la foto, primero hace falta invitación. *** El que ya encendió las luces rojas en Morena fue el gobernador de Sonora, Alfonso Durazo, quien lanzó una advertencia al partido: no todos los que ganan encuestas sirven a la causa. ¡Qué descubrimiento! Resulta que una cosa es salir bien en los sondeos y otra muy distinta lograr que los compañeros de partido no se saquen los ojos por la candidatura a las gubernaturas para el siguiente año.En Michoacán y Zacatecas ya reconocieron que las fracturas internas podrían costarles la elección en 2027. Así que, mientras unos presumen números y otros afilan los cuchillos, la unidad morenista parece depender de un milagro electoral. Al final, ganar la encuesta no garantiza ganar la elección. Y menos cuando los propios correligionarios hacen campaña… pero contra los suyos. ¿O qué?