Lunes, 06 de Julio 2026

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El silencio que le conviene al poder

Por: Jonathan Lomelí

El silencio que le conviene al poder

El silencio que le conviene al poder

Busqué al vecino de cierta colonia para entrevistarlo sobre un problema de inseguridad. Su respuesta me desconcertó: “No quiero involucrar a un periodista: ustedes sólo buscan la nota”. Sentí su desdén. 

Me afligió su postura, sobre todo porque su testimonio es clave ante un problema que lo afecta a él, pero también al resto de colonos. 

Durante días, en silencio, reflexioné sobre su respuesta. Pensé: qué egoísta, no se rompió un jarrón en la sala de su casa -un hecho estrictamente privado e irrelevante-; por el contrario, se trata de un problema colectivo pues todos padecemos la inseguridad.  

La desconfianza en medios y periodistas puede tener fundamentos en alguna mala praxis relacionada con el gremio, pero en general es una postura peligrosa muchas veces alentada desde la clase política y el poder. 

Hay buenos y malos periodistas, como en cualquier profesión. 

Los buenos son éticos, se equivocan y reconocen su error; buscan el bien colectivo y alertar a la comunidad para que las cosas mejoren para todos. 

Los malos se mueven bajo intereses personales o económicos que se apartan de lo colectivo. 

Sin embargo, por unos cuantos, perdemos todos. No podemos generalizar. La élite gobernante busca inocularnos justo esa idea. 

El discurso de la clase política insiste desde el sexenio pasado en desacreditar nuestra labor metiéndonos a todos en la misma bolsa. 

Basta ver el desfile de elogios  disfrazados de preguntas en la mañanera para entender qué tipo de “periodismo” complace al poder. 

Sin dejar de ser autocríticos, hay que denunciar el discurso político que incentiva el descrédito de todo periodismo que no se alinea a sus intereses. Porque en este juego solo hay un perdedor: la ciudadanía. Y el poder es el mayor beneficiado. 

Ante esta situación, la gente desaprovecha una herramienta valiosísima como el periodismo para socializar, unir a la comunidad y demandar cambios más allá del sentido individualista de nuestros días. 

Aquel vecino y yo queríamos lo mismo: que su colonia estuviera segura. La desconfianza nos separó. Eso es exactamente lo que el poder quiere. 

Sin embargo, periodistas y ciudadanos somos aliados, no adversarios. La próxima vez que un vecino dude en hablar, que recuerde: el silencio sólo protege a quien no quiere rendir cuentas.

jonathan.lomeli@informador.com.mx

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