Con la novedad de que nuestra amada Presidenta (con A de Andrés y de mujer) decidió que el tren Guadalajara–México pasará por Pueblo Quieto —que pueblo sí es, pero nada quieto— y, en consecuencia, el señor gobernador, como todos, se distrae de lo que está haciendo y decide obedecer, y si la reina habló, el pueblo obedece, que por ahí pase el desarmador. Qué bueno, porque a mí me gustan mucho los trenes de pasajeros, nada más que opino que, si tanto les gustan los trenes, por qué no aprenden a hacerlos; así Enrique Peña Nieto les dejó bien planeado el Toluca–México y se ve que pueden hacerlo sin desbarrarla.El problema es que por donde va a pasar el tren vive la gente; si bien es gente pobre que, como dice Don Quijote, no cuenta mucho. Entonces el Gobierno ha decidido reubicarlos, pero, en buen castizo, que te saquen a fuerzas de donde vives no es una reubicación, sino un desalojo, porque no hay opción de quedarse; si bien, digamos, es un desalojo civilizado porque no hay otra alternativa: se mueven o se mueven. Entonces, llamemos a las cosas por su nombre, seguramente les van a dar una opción de otro lugar donde vivir, pero de que van a ser desalojados, ni duda cabe.Ojalá y manejen el tema con un mínimo de delicadeza y dignidad; si bien, debía ser parejo, porque yo creo que muchos industriales invadieron zonas de ferrocarril y de esos no se ha dicho nada; entonces, si van a limpiar, que sea parejo. Aunque los trenes de pasajeros sean un gusto presidencial actual en nuestro país, hay que decir que no lo pueden juzgar con criterios empresariales, ya que en ninguna parte del mundo los trenes se manejan sin apoyo oficial y, por tanto, es un servicio, no un negocio, y eso debe ser entendido. Pero imagine usted que va a ir a la Ciudad de México y, como va a ser de alta velocidad, usted podrá llegar a ese destino en un máximo de cuatro o cinco horas; será una delicia, pero a mí es una promesa que me gusta, dentro de la multitud de promesas que nos han hecho y queremos ver cumplidas, cuando menos algunas.Por otro lado, debo decir que la presidenta no tiene impedimento para proporcionar petróleo a Cuba; nos van a cobrar aranceles, pero nosotros somos un país rico y soberano, y aunque Cuba no es de mis favoritos porque me parece un pueblo egoísta, ya que, que yo sepa, nunca nos han mandado puros para fumar a gusto y sé que cuando menos podían haberlo hecho, porque de eso sí tienen, pero ahora están manejados por un tipo que debe ser muy elegante, o cuando menos sus apellidos son pomadosos (Miguel Díaz‑Canel Bermúdez), y debe ser marqués de Tierra Seca, para que no me digan que no tiene nada que exportar. Entonces, deberían ser buenas gentes con tantos millones que les están mandando productos, que las malas lenguas dicen que están revendiendo.@enrigue_zuloaga