Martes, 27 de Octubre 2026

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El jogo bonito de Lula

Por: Jonathan Lomelí

El jogo bonito de Lula

El jogo bonito de Lula

El triunfo de Lula da Silva en Brasil se parece mucho a una milagrosa remontada de la Canarinha, la selección de futbol verdeamarela.

Las redes sociales fueron un factor clave, algo paradójico si consideramos que Lula las tuvo en su contra durante la campaña para la primera vuelta, en la que ganó la ultraderecha.

El líder octogenario de la izquierda brasileña contendió por la Presidencia en busca de su cuarto mandato. Lo hizo contra Flávio Bolsonaro, hijo de Jair Bolsonaro, ex presidente de Brasil condenado por intentar un golpe de Estado contra Lula.

Tras la derrota en la primera vuelta, la izquierda de Lula recibió una sacudida. Los pronósticos daban un empate técnico.

Esa misma noche, distintos actores evaluaron sus principales errores: uno de ellos fue haber realizado una campaña demasiado tradicional en medios de comunicación y descuidado redes sociales como TikTok, Instagram y X.

De inmediato se enfocaron en una doble estrategia: comunicación espontánea y trabajo de campo.

Muchos diputados jóvenes con gran influencia en redes sociales, como Ana Elisa Santos, de 21 años, nombrada asesora digital y elegida como la diputada más joven de Minas Gerais, y otros menores de 30 años, iniciaron una intensa campaña digital acompañada de recorridos por las calles.

Su lógica se basó en utilizar las mismas plataformas de la ultraderecha: las redes sociales, donde sus políticos mienten, manipulan y expresan cualquier barbaridad con desvergüenza.

Otra estrategia fue la del diputado André Janones, de Minas Gerais, quien creó el Ejército de Lula, un canal de WhatsApp que superó los 10 millones de suscripciones y desde el cual coordinaba acciones y mensajes que la gente replicaba.

La iniciativa se volvió viral de inmediato. Muchos le atribuyen un papel central en la remontada milagrosa. Tenía como regla no responder a las agresiones o comentarios de la ultraderecha y evitar interactuar con sus videos y mensajes para no alimentar su algoritmo.

Esto permitió aislar al bolsonarismo en su burbuja y hacer crecer un fenómeno en gran medida ciudadano, liderado por políticos de izquierda.

Durante la campaña, Lula denunció que el algoritmo de Facebook escondía su propaganda como candidato y favorecía a su opositor. Por ejemplo, si le pedías a la inteligencia artificial de Meta que hiciera un cartel de Lula, respondía que era imposible, pero sí lo hacía de Bolsonaro.

Toda la comunicación digital de Lula tuvo, además, una base: movilizar a sectores sociales como sindicatos, barras de equipos de fútbol, universidades, sectores vulnerables de las periferias y trabajadores de plataformas.

En esta tarea fueron determinantes las y los diputados de izquierda que promovieron el voto a favor de Lula mediante estrategias de contacto directo con la gente.

La resistencia de Lula a comunicarse mediante plataformas digitales llegó a tal grado que estrenó su primer celular a los 80 años, después de la primera vuelta electoral, para grabar videos en formato selfie.

El triunfo de Lula en Brasil es una cátedra de reinvención y jogo bonito en el último minuto.

P. D. Escribí esta columna a partir de una entrevista que le realicé a Sofía Orozco, residente por temporadas en Brasil, observadora atenta de la vida pública y columnista política durante 25 años en un diario local.

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