Miércoles, 03 de Junio 2026

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El algoritmo del estómago: emociones que movilizan, pantallas que aíslan

Por: Karely Zárate

El algoritmo del estómago: emociones que movilizan, pantallas que aíslan

El algoritmo del estómago: emociones que movilizan, pantallas que aíslan

¿Has notado las sensaciones que te produce el scrolling infinito? Al entrar a Facebook, Instagram o TikTok, ¿cuáles son las emociones que realmente predominan en la pantalla? No se necesita ser científico para advertir que los algoritmos juegan con nuestra afectividad y la mercantilizan, transformándonos en presas de las redes sociales. Un reciente estudio realizado por Media Matters sobre el algoritmo de TikTok demuestra que un usuario puede radicalizarse en cuestión de segundos. Este diseño provoca un proceso de exaltación emocional que termina por anular el raciocinio, logrando que el individuo se deje dominar por el momento.

Entonces ¿cómo operan las emociones en la fórmula matemática del algoritmo? Las plataformas digitales descubrieron hace tiempo que la neutralidad no es negocio. Desde la revolución de las “reacciones” en Facebook, el algoritmo entró directamente en el estómago para movilizar al usuario. Hoy, este sistema opera bajo tres pasiones fundamentales: la felicidad líquida, el enojo ligado a la indignación y el asco ante la otredad o lo desconocido.

Por un lado, nos topamos con la felicidad líquida, un fenómeno con el que todos estamos familiarizados, esa obsesión por proyectar una vida perfecta, estable y sumamente consolidada ante los ojos de quienes nos siguen. Esta dinámica se caracteriza por el deseo de replicar las estéticas dominantes de Occidente o Estados Unidos. Se trata de una fórmula efectiva para engancharnos al sistema, ya que nos impulsa a buscar la aprobación mediante el consumo constante de marcas y contenidos aspiracionales que diluyen nuestra realidad.

Por su parte, el algoritmo descubrió que el combustible más barato y eficiente para mantener a la audiencia cautiva es el enojo, alimentado por una cadena de fake news y publicaciones diseñadas para generar experiencias desagradables. Podría parecer contradictorio que aquello que nos causa conflicto nos retenga tanto, sin embargo, la indignación funciona como un potente activador cerebral que enciende el fervor.

Esto se traduce a un usuario activo, reactivo y siempre listo para la confrontación digital.

Finalmente, el asco opera ante lo diferente. Es aquí donde las grandes corporaciones tecnológicas, dominadas por visiones anglosajonas, maniobran sutilmente en nuestra región latinoamericana. Al controlar los flujos de información, los estándares estéticos y lo que visualizamos en las pantallas, se propicia un paulatino rechazo hacia nuestra propia identidad y un recelo de quiénes somos.

El peligro real no es solo el tiempo que perdemos dando likes a contenidos ya programados para nosotros. Lo verdaderamente preocupante es cómo esa lógica salta de la pantalla a la vida diaria, terminamos trasladando el asco, el enojo y las apariencias a nuestras calles, hogares y espacios comunes. El algoritmo del estómago nos está robando la capacidad de dialogar con calma, dejándonos una sociedad donde es más fácil confrontar que entender. La próxima vez que sientas que una publicación te enciende la sangre o te genera un rechazo inmediato, respira un segundo, no siempre es un sentimiento del todo libre, sino un mecanismo de mercado que se alimenta, literalmente, de tu estómago.

karely.zv08@gmail.com

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