Miércoles, 18 de Febrero 2026

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Marx y el difícil desalojo del inmueble

Por: Diego Petersen

Marx y el difícil desalojo  del inmueble

Marx y el difícil desalojo del inmueble

Dicen quienes han analizado los efectos del alcohol que toda borrachera pasa por tres etapas: Cantos y bailes regionales, así como sus consabidos “viva México”, y “como México no hay dos” (euforia); la exaltación de la amistad, con expresiones como “tú eres el más fregón de todos, hermano” (distorsión de la realidad); y, finalmente, el difícil desalojo del inmueble, “esta casa es de mi amigo y de aquí nadie me saca” (negación de la realidad). Con las borracheras del poder sucede exactamente lo mismo que con el alcohol, con una pequeña diferencia: el borracho de verdad no nos cuesta a los contribuyentes; las borracheras de poder nos salen carísimas cada sexenio.

El espectáculo que dio Marx Arriaga, aferrado a una oficina en defensa de un modelo educativo que él diseñó, es un claro ejemplo de cómo el poder, y más cuando se adquiere súbitamente, emborracha más que el sotol y hace que fácilmente se pierda toda noción de realidad. Lo que decía defender era la herencia de López Obrador sin entender que la única heredera del ex presidente es Claudia Sheinbaum porque ella y solo ella detenta el poder.

Quienes más problema tienen para entender que López Obrador ya no es el presidente son aquellos que creyeron que lo de la Cuarta Transformación era una revolución y no solo un eslogan de gobierno. Nadie en su sano juicio puede evaluar una historia que no ha sucedido, pero los fanáticos, como Marx Arriaga, pensaron que efectivamente estaban reescribiendo la historia antes de que ésta sucediera. Que la 4T sea un periodo histórico depende en gran medida de controlar eso que llaman “la narrativa” (un concepto, dicho sea de paso, cada día más vulgarizado por la política). No en vano una de las cosas que más defiende el “autor intelectual” de la llamada Nueva Escuela Mexicana es el prólogo de Andrés Manuel López Obrador, como si eso tuviera un valor educativo.

El modelo de Arriaga puede tener virtudes, el problema es pensar que él mismo representa el modelo y que modificarlo es traicionar ya no solo a una transformación que, en el mejor de los casos, está en proceso, sino a un “héroe de la Patria” cuya obra no ha terminado de ser juzgada por la historia y a la que, por cierto, cada día le aparecen más defectos.

Nadie les dijo a estos “jóvenes” que llegaron al Gobierno con López Obrador que, en el poder, como en la bebida, lo más duro es la cruda, y peor aún la cruda realidad. Lo único que logró Marx Arriaga con el difícil desalojo del inmueble fue hacer enojar a la Presidenta, porque la borrachera se acabó desde el momento en que llamó a los maestros a la rebelión.

Salud compadre.

diego.petersen@informador.com.mx

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