No hay nada más democrático que el tráfico. Da igual que una persona maneje un auto de cinco millones de pesos o un vejestorio de 1980, que sea un deportivo o un mamamóvil, en el eterno embotellamiento de la ciudad circularán exactamente a la misma velocidad y vivirán el mismo infierno. Digamos que la única diferencia sustancial es si esas horas se viven o no con aire acondicionado. El tráfico no solo es la conversación más frecuente en las charlas cotidianas y las sobremesas, es también la exigencia más sentida y la deuda más importante de todo gobierno con sus electores. Enrique Alfaro hizo una serie de modificaciones en la estructura de Gobierno, algunas de ellas sin duda trascendentes, como la creación de la Secretaría de Igualdad Sustantiva; otras que se quedaron a medias, como la Secretaría de Gestión Integral del Agua; algunas inoperantes, destacan entre ellas las famosas coordinaciones en el gabinete que no hicieron sino ponerle otro piso a la ya de por sí cargada burocracia dorada; y otras que han sido un verdadero fracaso, como es el caso de la desarticulación de la Secretaría de Movilidad. Hoy nadie tiene el liderazgo del tema: la Secretaría de Transporte va por un lado, la Policía de Vialidad por otro y la Agencia de Infraestructura para la Movilidad por el suyo. Si usted no sabe quién en el Gobierno de Jalisco es el responsable de la movilidad, no se preocupe, me temo que nadie, ni los ideólogos de este chilaquil administrativo, el ex gobernador Alfaro y el ex coordinador de gabinete Hugo Luna, lo tienen claro.El Gobierno de Pablo Lemus heredó íntegra la estructura que dejó su antecesor. Fuera por respeto a Alfaro o porque la forma en que se dio el proceso postelectoral no le dio tiempo y fuerza para hacer cambios, lo cierto es que llenó los huecos sin tocar nada. La movilidad en una ciudad como la nuestra requiere infraestructura, es cierto, todas las grandes ciudades tienen carencias. Guadalajara, además de obras, necesita orden y visión, alguien que se haga cargo y sobre todo que tenga la autoridad sobre todos los elementos que intervienen para que la ciudad funcione un poco mejor o un poco menos peor: semaforización, señalización, agentes viales, transporte público ordenado, solución de choques, y sobre todo la solución de esos pequeños grandes atorones que se dan por falta de alguien que piense y ejecute: ampliación de bayonetas, solución de vueltas a la izquierda, ordenamiento de camiones de reparto y transporte de personal, estacionamiento en segunda fila, etcétera.Al tráfico nunca se le quitará lo democrático en una ciudad como la nuestra, pero sí puede mejorar para todos, aunque sea un poquito. Si los habitantes de Guadalajara nos ahorramos 15 minutos al día de tráfico, la ciudad gana un millón de horas de ocio, que es la madre de toda cultura.