Miércoles, 15 de Abril 2026

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Subsidiar o no subsidiar la gasolina

Por: Diego Petersen

Subsidiar o no subsidiar la gasolina

Subsidiar o no subsidiar la gasolina

Subsidiar las gasolinas, está demostrado, es regresivo, es decir, favorece a los que más tienen en detrimento de las capacidades del Estado para atender a los más desfavorecidos. El mayor subsidio lo recibe el que más consume. Dejar que el precio de las gasolinas suba al ritmo que lo marque el mercado internacional de precios del petróleo es un suicidio político, y si alguien tiene duda, pregúntenle a Peña Nieto. 

El entonces presidente cerró su discurso en el que anunció el fin del subsidio a las gasolinas con la famosa frase: “Aquí es donde yo les pregunto ¿Y ustedes qué hubieran hecho?” Diez años después habría que preguntarle a Peña y sus asesores: ¿lo volverían a hacer?

Éramos muchos y parió la abuela, ha de estar pensando el secretario de Hacienda, Edgar Amador Zamora, que vive peleando para ajustar el déficit y de repente no solo deja de percibir el ingreso por el impuesto a las gasolinas, el famoso IEPS, sino que ahora va a tener que meter dinero a cada litro de magna o de diésel que se venda en el país.

El debate no es sencillo. Con una inflación al alza, particularmente en el rubro de alimentos y bebidas, así como una presión de los transportistas que han visto incrementado sus costos por seguridad y peajes, un aumento en las gasolinas sería la excusa perfecta para una escalada de precios. La inflación, lo sabemos, es al mismo tiempo el impuesto de los pobres y la alfombra bajo la cual las empresas esconden sus ineficiencias.

Más allá de virtudes y defectos propios, dos grandes proyectos de la izquierda latinoamericana se perdieron en la inflación: Venezuela y Argentina. Hay que dejar claro que no fue solo la inflación, en ambos hubo errores gravísimos y abusos de poder, sin embargo, perder el control de la inflación es la primera piedra que a la postre puede generar la avalancha. La derrota del PT en Brasil tuvo que ver con el desgaste del Gobierno de Dilma Rousseff que tuvo que corregir y cargar con los excesos de la administración de su antecesor y líder del movimiento, Luis Inácio Lula da Silva. El detonante de la movilización social no fue, sin embargo, la corrupción, sino el incremento al transporte público.

Subsidiar o no subsidiar la gasolina. Ambas decisiones tienen costos, con una diferencia. Subsidiar tendrá un costo mayor para la gente, particularmente para los más pobres, a mediano y largo plazo. Lo van a pagar en peores servicios de salud, menos dinero para la educación y mayor deterioro de la infraestructura que afecta su vida cotidiana.

No subsidiar podría tener un costo político muy alto para el partido en el poder en las próximas elecciones. Así que no tenga duda, la decisión, cueste lo que cueste, será el subsidio a las gasolinas.

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