Fue un lapsus, normal en alguien que habla todos los días y vive bajo presión, pero la Presidenta le puso una revolcada, pensemos que involuntaria, a Andrés Manuel López Beltrán que no le había puesto ningún periodista o contrincante político.“Hay otros delincuentes, o presuntos delincuentes, a los que no les quitan la visa”. No dijo hay “otros que sí son delincuentes y no les quitan la visa”, o “hay delincuentes a los que no les quitan la visa”, dijo “otros”, metiendo al hijo del expresidente al saco delincuencial.Más allá de lo anecdótico, le está costando mucho trabajo a la Presidenta sostener que la santidad se hereda. Son muchos (no es mi caso) los que piensan que López Obrador es un político de conducta intachable. Hay muchas evidencias para dudar de ello, pero entiendo que haya quien crea que así es. El problema para los morenistas y obradoristas, comenzando por Claudia Sheinbaum, es qué hacer con los hijos del tlatoani que cada día dan más muestras de que están afectados por el terrible bicho del poder.Les encanta gastar lo que supuestamente no tienen, presumir lo que su padre dice que no son y vivir lejos, lo más lejos posible, de la cacareada honrosa medianía y muy cerca de la poco honorable mediocridad.Es curioso que se asuma de entrada que a López Beltrán le quitaron la visa por algún asunto penal y no administrativo. Hemos de suponer que ya estaba en las listas de “presuntos delincuentes” que Estados Unidos informó tenía en la mira y por eso la Presidenta está tan segura de que hay “otros delincuentes” en esa lista a los que aún no les quitan la visa.Los hijos del presidente le están saliendo carísimos a Morena. No solo NoMeDiganAndy, que decidió participar en la vida pública y va de escándalo en escándalo, sino Jesús Ernesto, el menor, que ha decidido ser y presentarse en público rodeado de todo aquello que su padre decía odiar: el lujo sin sentido, los corridos tumbados, las manifestaciones superfluas del poder, etcétera. No hay manera de que los hijos de las personas de poder no tengan estos desequilibrios. Son hijos del abandono y de la culpa, por lo que los padres están dispuestos a tolerar en ellos lo que no toleran en nadie más. López Obrador despidió a su colaborador más cercano por hacer pública su boda, o “bodonón” si se quiere. Le pareció, no sin razón, que el lujo expuesto contradecía la imagen de austeridad franciscana que quería proyectar. Sin embargo, el mismo personaje es incapaz de hacer o decir algo con sus hijos que muestran una vida de millonarios en una familia que presume no tener ingresos.Quizá la Presidenta tenga razón. Hay “otros delincuentes” a los que no se les trata igual.