La detención del alcalde de Tequila ha generado muchas discusiones. La mayoría giran en torno a qué partido tienen más narco-políticos, como si eso tuviera que ver con temas ideológicos. No se hagan bolas, el partido que les asegure el acceso al poder es el único que le interesa al crimen organizado y eso cambia de acuerdo con los momentos y las regiones: en Quintana Roo y ahora en San Luis Potosí es el Verde; en Michoacán y Ciudad de México solía ser el PRD, ahora es Morena; en Tamaulipas el PAN, en Jalisco han pasado todos los colores, PRI, PAN, MC y Morena. El asunto es mucho más profundo y delicado y tiene que ver con una discusión que se ha venido postergando desde hace años porque se trata de uno de los tabús de la República: el artículo 115 constitucional o, dicho de otra manera, qué hacemos con el municipio.El artículo 115 de la Constitución tiene un problema de origen: está pensado como una prenda unitalla, y por lo mismo le queda muy grande a los municipios pequeños y es una camisa de fuerza para las grandes ciudades.Pongamos sobre la mesa el caso más extremo: el municipio más extenso de Jalisco es Mezquitic con casi 300 mil kilómetros cuadrados de territorio -menos lo que pierda esta semana, pues ha sido sujeto de invasiones por décadas- y es también el más pobre. Tiene 22 mil habitantes -una persona por cada mil 300 hectáreas-, 80 por ciento de ellos en condiciones de pobreza. De acuerdo con el artículo 115 constitucional, el municipio de Mezquitic debe asegurar a sus habitantes agua, drenaje, limpieza, recolección de basura, alumbrado público, panteones, mercados, rastros, calles, parques y jardines, ¡ah!, y por supuesto seguridad pública a través de las policías municipales. El presupuesto del municipio es de 200 millones, es decir 9 mil pesos por habitante; el de Zapopan, el municipio más rico de Jalisco es de 75 mil, ocho veces más, con diez veces menos carencias. Un último dato: en Mezquitic hay 33 policías, es decir, uno por cada 9 mil kilómetros cuadrados. Son muy pocos los municipios que realmente pueden hacerse cargo de lo que les obliga la Constitución, y casi ninguno del control del territorio. Evidentemente que al crimen organizado no solo le interesan los municipios pobres, esos funcionan para sembradíos y campos de entrenamiento, les interesan también los municipios ricos, que es de donde obtienen la renta. Hoy vemos cómo cada vez más los malandros controlan los mercados municipales, la obra pública, y los permisos de comercio que no son sino una forma de extorsión.Está claro que una gran Policía Federal como la Guardia Nacional era necesaria, pero no es suficiente, pues siempre están de paso y se la viven “apagando incendios”. Recuperar el territorio pasa en gran medida por dotar de capacidades institucionales a los Gobiernos, pero también por repensar la arquitectura del Estado mexicano, sin prejuicios y con datos.