Martes, 28 de Abril 2026

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Corrupción y el palo de la piñata

Por: Diego Petersen

Corrupción y el palo de la piñata

Corrupción y el palo de la piñata

¿Cuál soplido tumba la rama?, ¿qué gota derrama el vaso?, ¿cuál escándalo de corrupción manda al piso a un Gobierno?, ¿cuál palazo rompe la piñata?

Entre más corrupto es un país, más tolerancia suelen tener los habitantes para soportarla. México es el caso. Somos un país con alta tolerancia a la corrupción. Pese a que 89 de cada cien mexicanos considera que el país es corrupto y que 14 de cada cien dice haber sido víctima de un acto de corrupción en el último año, esta no es ni de lejos la principal preocupación de los mexicanos. Antes están la seguridad, la violencia, el acceso al agua, el aumento de precios, la seguridad laboral, entre otras. 

Para entendernos: los mexicanos nos reconocemos como un país corrupto, pero hoy por hoy eso no nos preocupa. Nos quitaba el sueño hace unos años, pero ya no, a pesar de que en el índice global de corrupción estamos en el nivel más bajo de los últimos doce años, cuando sí decíamos preocuparnos. 

Hoy, México tiene 27 puntos sobre cien en el Índice Global de Percepción de Corrupción: paradójicamente el mejor nivel, 34 puntos, lo obtuvimos en 2014, en pleno gobierno de Peña Nieto. 

¿Cuánta corrupción más aguanta la 4T? Dicho de otra manera, por qué a pesar de que cada semana hay un nuevo escándalo de corrupción el Gobierno parece no desgastarse o siquiera despeinarse. Pasamos de un día a otro del huachicol fiscal, a los permisos de casinos; de los nuevos ricos de Tabasco amigos de López Obrador y Adán Augusto López, a las propiedades no explicadas de Mario Delgado, Diego Sinhue, Ricardo Monreal, Andrés Manuel López Beltrán (alias “No me digan Andy”), Gerardo Fernández Noroña, y un largo etcétera; del hijo de Marcelo Ebrard usando las embajadas como casas personales, al nepotismo como sistema. 

No hay, pues, semana en que la corrupción no sea tema de las Mañaneras. Una explicación de por qué el Gobierno de Sheinbaum no se desgasta podría ser, sin duda, la alta tolerancia que tenemos los mexicanos a la corrupción: aguantamos durante 70 años un régimen que presumía la corrupción como sistema (el que no es transa no avanza) y la transición a la democracia no significó un cambio en las formas corruptas de operar el Gobierno. No obstante, el derrumbe del Gobierno de Peña Nieto tuvo que ver con escándalos de corrupción. 

Es cierto, para que la corrupción tenga efecto electoral hace falta un López Obrador, una figura política que tenga arrastre y que lo capitalice, y en este momento no lo hay. Igual de cierto es que el Gobierno ya no tiene el control de la narrativa, o lo que es lo mismo, perdieron el palo de la piñata, y la piñata son ellos.

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