Viernes, 04 de Septiembre 2026

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Aliarse o no aliarse, ¿esa es la cuestión?

Por: Diego Petersen

Aliarse o no aliarse, ¿esa es la cuestión?

Aliarse o no aliarse, ¿esa es la cuestión?

Vuelve a la oposición un debate, cada día más acalorado y lleno de adjetivos, sobre las alianzas. El PRI parece tenerlo clarísimo: para ellos las alianzas son el camino más rápido para quitarle al poder la mayoría en la Cámara de Diputados y evitar así que Morena y aliados sigan consolidando un régimen que inhibe la alternancia. Movimiento Ciudadano también tiene clara su ruta. Sabe, lo tiene bien medido, que mientras vaya en alianza su crecimiento es prácticamente imposible, que el voto se va al partido que es más fuerte en cada región, y que les resulta mucho más conveniente aliarse con los poderes fácticos del lugar e ir ganando fuerza y espacios de ellos y para ellos.

Los panistas lo tienen mucho menos claro. Después del fracaso de Xochitl Gálvez como candidata de coalición dijeron que nunca más harían alianzas, que primero estaba su identidad. Como suele suceder en el PAN lo que se dice un día no necesariamente es válido al día siguiente.

Los puntos que le pueda dar el PRI son clave para mantener las gubernaturas de Chihuahua, Aguascalientes y Querétaro, independientemente de que puedan fortalecer su posición en la Cámara de Diputados. Los poderes locales están, en muchos casos, a favor de las alianzas. Sin embargo, no pocos en el PAN creen que más temprano que tarde en México vendrá el pendulazo y que entre más firmes se mantengan a la derecha más probabilidades tienen de volver al poder. Esta visión está basada en lo que ha sucedido en otros países, como Argentina, Ecuador o Colombia, pero no deja de ser solo un deseo, pues el desbordamiento del sistema de equilibrios democráticos en México ya está muy avanzado. Basta ver lo que ha hecho el INE con el partido Somos México para darnos cuenta de que las instituciones hoy están más atentas a lo que diga la presidenta que a los que dicen las leyes.

La aparición de Somos México es también una variable que cuestiona la lógica de las alianzas. No sé si vayan a lograr el mínimo de tres por ciento de la votación que se requiere para mantener el registro, pero los votos que obtengan se los van a quitar principalmente a PAN y MC, por lo que a ninguno de los dos le conviene en este momento perder identidad en una alianza.

Finalmente, en un mercado de votos tan concentrado por un solo partido, por el uso de recursos públicos, el condicionamiento de programas sociales y la enorme concentración de poder, la apuesta de los partidos será cada vez más al rompimiento interno del movimiento obradorista, a llevarse a sus filas a los militantes de Morena que tengan fuerza y hayan sido despreciados como candidatos. Así crecieron el PRD y el PAN en los años noventa, cachando priistas segregados (el mismo López Obrador, Ricardo Monreal o Layda Sansores en el PRD y José Rosas Aispuro, Miguel Ángel Yunes o Rafael Moreno Valle en el PAN, son solo algunos de los más connotados). La negociación con los arrepentidos se complica mucho cuando hay coaliciones, pues en cada distrito y estado manda el partido que sí tiene candidato.

La lógica aritmética dice que las alianzas electorales tienen sentido, a pesar de que en política dos más dos rara vez dan cuatro. La lógica del poder suele bailar en otra pista, en una donde los intereses de los actores y grupos son los que mandan.

diego.petersen@informador.com.mx
 

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