Cualquiera que tenga el infortunio, por masoquismo o trabajo (como es mi caso), de presenciar el informe mensual de incidencia delictiva durante la mañanera, puede dar testimonio del gran sentimiento de culpa que provoca: uno se promete no volverlo a hacer.Tan solo ayer, una joven funcionaria, Marcela Figueroa, titular del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública, enlistó 28 cifras repartidas en 16 láminas de PowerPoint que, a su vez, tenían más cifras y más gráficas. En todos los casos hay reducciones en la incidencia. Menos homicidios, menos delitos de alto impacto, menos robos de vehículos, menos… etc.Ante la súbita reducción de delitos, incluido un 46% menos de asesinatos, según el Gobierno federal, uno pensaría que a este ritmo el Gabinete de Seguridad federal se va a quedar desempleado para mitad de sexenio cuando erradique la delincuencia.Otra característica del informe es su tendencia a la fragmentación “cuántica” del tiempo para medir la incidencia delictiva. Uno puede atestiguar comparaciones como la siguiente:Imaginen, por ejemplo, una reducción de homicidios al comparar los asesinatos diarios en el primer mes del segundo año del sexenio de Felipe Calderón con el último mes de la actual gestión considerando “corte preliminar” al 31 de mayo. El absurdo total.Ante el discurso oficial, propongo que hagamos una revisión menos triunfalista de la violencia homicida.El Gobierno federal aseguró que de septiembre de 2024 a mayo de 2026 hubo una reducción del 46% del promedio diario de homicidios en el país. En concreto, dijo, pasamos de 86.9 a 47.3 asesinatos al día.Esta reducción, por sí misma, parece un logro mayúsculo. Sin embargo, la cosa cambia cuando medimos la tasa de homicidios por cada 100 mil habitantes para cada año desde el sexenio de Felipe Calderón.La tasa ajusta los homicidios al tamaño de la población, permitiendo comparar 2006 y 2026 aunque México haya crecido en 20 millones de personas; contar muertes por día solo maquilla cifras, sin medir la incidencia real.En 2006, cuando Calderón lanzó su guerra contra el narco, la tasa de homicidios era de 9.7 por cada 100 mil habitantes, según el Inegi. Para 2011, en la recta final de su sexenio, ya superaba el doble: 23.4.Con Peña Nieto, la tasa subió año con año hasta tocar 29.1 en 2018: prácticamente el triple de la cifra con la que Calderón inició la guerra contra el narco.Con López Obrador hubo una baja apenas perceptible. Y el año pasado, ya en el sexenio actual, el Gobierno federal presumió un cierre con tasa de 17.5.El México en el que vivimos, así nos presenten cuentas alegres, está todavía muy lejos de la paz que un día tuvimos. Y eso, claramente, no estaba en las láminas de PowerPoint presentadas ayer en la mañanera.