Juan Antonio Olmeda Belmontes desapareció el 26 de junio de 2016 en la colonia Jocotán, en Zapopan. Desde el primer día, su madre María Concepción Belmontes Carmona, conocida como Conchita, salió a buscarlo a todas las instancias posibles. La Fiscalía General del Estado (no existían en esa fecha ni la Vicefiscalía en Personas Desaparecidas, ni la Comisión Estatal de Búsqueda), al Servicio Médico Forense, hospitales, y luego recorrió fosas clandestinas y se unió a los colectivos de familiares que existían hasta entonces. Lamentablemente la creación de colectivos de familiares se ha multiplicado, así como se han multiplicado la desaparición de personas en Jalisco.Y junto con el aumento sustancial en la cifra de desaparecidos, sigue creciendo la otra crisis asociada: la crisis forense tan saturada y trabada en el trabajo de identificación de cuerpos que produce historias dolorosas, terribles e indignantes como la del hijo de Concepción Belmontes quien fue encontrado en una fosa clandestina apenas unos días después de que desapareció. El cuerpo de Juan Antonio fue encontrado el 1 de julio de 2016, es decir, apenas cinco días después de ser reportado como desaparecido.Y debieron pasar 3 mil 601 días para que le informaran a su madre, Concepción Belmontes, de que siempre estuvo en las instalaciones del Instituto Jalisciense de Ciencias Forenses (IJCF). La noche del pasado 8 de mayo, doña Conchita recibió una llamada de parte del IJCF para convocarla a una mesa de trabajo al día siguiente. Doña Conchita, dijo a “Milenio”, le extrañó la premura del citatorio y se extrañó aún más cuando antes de la mesa de trabajo, fue recibida por una psicóloga del instituto.Entonces le explicaron que habían dado positivo un pedazo de hueso de su hijo con las muestras de ADN extraído de la familia. Y luego le explicaron que el cuerpo de su hijo Juan Antonio se encontraba ahí desde julio de 2016, que en 2019 extrajeron muestras de ADN y que desde fines de 2025 lo identificaron y le entregaron los resultados a la Fiscalía General del Estado, dependencia que retrasó seis meses un trámite judicial para dar aviso a doña Conchita.Por eso no es de extrañar que doña Conchita quedara justificadamente desconcertada: “Decir que desde 2016 mi hijo llega a Ciencias Forenses y apenas me están dando un dictamen de que mi hijo todo el tiempo estaba ahí… eso no lo puedo entender, no lo puedo creer”, relató a colegas de Milenio (Milenio, 15 mayo 2026).El director del IJCF, Axel Rivera, justificó el retraso de diez años en la confirmación de los restos del hijo de Conchita porque, dijo, el uso de ácido dificultó la identificación de Juan Antonio y negó que el retraso obedeciera a indolencia institucional.Pero esta explicación no fue suficiente para la familia de Conchita Belmontes y otras madres y familias que han enfrentado las trabas burocráticas que deja la crisis forense que se vive en Jalisco. Por eso salieron a manifestarse la tarde-noche del pasado viernes 15 de mayo cerrando la avenida Lázaro Cárdenas, frente a las instalaciones del IJCF. Y luego de que les avisaron que les darían cita hasta el lunes, se molestaron por la indolencia de no darles respuestas inmediatas, por lo que un grupo de madres del colectivo Guerreros Buscadores de Jalisco irrumpió en el IJCF para exigir respuesta a sus demandas y preguntas.Había mucha molestia en la protesta, hubo incluso forcejeos e insultos. ¿Alguien les puede reclamar esta molestia, esta repuesta airada después de lo que han vivido? ¿Alguien les puede recriminar que para qué cierran calles, irrumpen en las instalaciones donde pueden estar sus hijos o que exijan atención inmediata de parte de los funcionarios encargados de darles esas respuestas? Nadie. Solo ellas saben lo que están viviendo, el inmenso dolor que vivió Conchita durante diez años y que pudo haber sido suspendido si desde entonces le hubieran dicho que tenían a su hijo en el Semefo.A sus hijos los están desapareciendo dos veces. Primero cuando se los llevan y segundo, cuando no los buscan o los identifican a tiempo por negligencias burocráticas. Las madres han reconocido el buen trabajo de varios funcionarios, pero sus manos no alcanzan para completar la inmensa tarea pendiente que implica enfrentar la crisis forense. Por eso el reclamo es que contraten más personal, que inviertan más recursos de la propia gente para resolver este problema tan sensible y doloroso. Hay mucho hartazgo social, mucha rabia en la sociedad ante la crisis por desapariciones y la crisis forense. Por eso no se extrañen de más protestas alentadas por este hartazgo social.rubenmartinmartin@gmail.com