Viernes, 06 de Marzo 2026

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México afina motores: favorito, pero sin licencia para confiarse

Por: Salvador Cosío Gaona

México afina motores: favorito, pero sin licencia para confiarse

México afina motores: favorito, pero sin licencia para confiarse

México comienza a mandar señales que vale la pena observar con atención. El triunfo ante Arizona Diamondbacks en juego de preparación durante el spring training en Phoenix no entrega medallas ni garantiza nada, pero sí ofrece información útil. Y lo visto también en la derrota frente a Dodgers apunta en la misma dirección: una ofensiva que responde en momentos oportunos, una defensa que se mueve con buena sincronía y un pitcheo que, incluso cuando el resultado no acompaña, está sabiendo manejar escenarios de presión.

Los partidos de exhibición no ganan torneos, pero sí revelan si un equipo está conectado, si hay cohesión y si el ritmo competitivo aparece a tiempo. México, en ese sentido, se ve metido en su papel. No hay euforia ni conclusiones precipitadas, pero sí señales de funcionamiento. Y eso importa, porque lo que viene ya no es ensayo.

En el calendario del Clásico Mundial el conjunto mexicano abrirá enfrentando a Brasil y a Gran Bretaña. Italia aparecerá más adelante, después del duelo frente a Estados Unidos, pero antes de pensar en esos cruces lo verdaderamente importante es resolver con autoridad los dos primeros compromisos. En torneos cortos, adelantarse al calendario suele ser una mala idea.

Brasil ya no es aquel participante anecdótico que llegaba a completar el grupo. En los últimos años ha logrado integrar peloteros formados en sistemas profesionales, varios con experiencia en ligas menores de Estados Unidos y algunos con recorrido en ligas asiáticas. No es una potencia, pero tampoco un rival para subestimar. Su ofensiva suele apoyarse en bateadores de fuerza que pueden cambiar el ritmo de un juego si encuentran pitcheos en zona. Ahí aparece Leonardo Reginatto, uno de sus nombres con mayor experiencia internacional, acompañado por perfiles de contacto capaces de producir extrabases si el rival se descuida.

No tiene una alineación particularmente profunda, pero sí puede fabricar un inning grande si recibe boletos o encuentra errores defensivos. Donde el conjunto sudamericano suele mostrar mayor vulnerabilidad es en el pitcheo. Su estructura depende casi siempre de uno o dos brazos principales en la apertura y luego entra en una zona más irregular cuando el bullpen comienza a desfilar.

Ahí es donde México debe imponer diferencia: atacar temprano al abridor, evitar regalar corredores y trasladar la responsabilidad del juego al bullpen mexicano en las entradas medias. Sobre el papel México es claramente superior, pero el béisbol rara vez respeta los papeles cuando un favorito decide jugar con exceso de confianza.

Gran Bretaña presenta un desafío distinto. Es un equipo menos explosivo, pero más disciplinado. Varios de sus jugadores se formaron en academias estadounidenses y algunos pertenecen o han pertenecido a organizaciones de Grandes Ligas. Su estilo se basa más en el desgaste que en el cuadrangular: buscan alargar turnos, obligar al pitcher rival a trabajar conteos largos y presionar cada lanzamiento.

Harry Ford representa bien ese perfil: bateador con disciplina en el plato, capaz de extender turnos y obligar al rival a equivocarse. A su alrededor hay jugadores que corren bien las bases y aprovechan cualquier descuido defensivo. No son un equipo espectacular, pero sí uno que puede incomodar si el rival pierde concentración.

Contra un rival así, el diferencial será la ejecución. México deberá evitar boletos innecesarios, controlar el tráfico en las bases y cerrar con firmeza las entradas intermedias. En teoría también es un partido favorable, aunque probablemente más táctico y menos abierto que el enfrentamiento ante Brasil.

Todo esto conduce a una idea simple: el mayor riesgo para México en esta fase no es el rival, sino la relajación. Los torneos cortos no conceden margen amplio para errores. Un tropiezo temprano obliga a jugar el resto del grupo bajo presión y altera la administración del bullpen.

En cambio, si México arranca con un sólido 2–0 frente a Brasil y Gran Bretaña, el duelo contra Estados Unidos cambia completamente de dimensión. Deja de ser un partido de supervivencia para convertirse en una disputa por liderazgo dentro del grupo.

México llega con argumentos. Tiene talento probado, experiencia reciente en escenarios de alta exigencia y memoria competitiva de lo que fue capaz de hacer en el Clásico Mundial de 2023.

Pero en este nivel el pasado sirve poco si no se confirma en el presente.

Brasil y Gran Bretaña quizá no parezcan el gran obstáculo del torneo, pero representan algo más importante: el primer examen de seriedad. Los equipos que aspiran a cosas grandes no empiezan ganando los juegos heroicos. Empiezan cumpliendo con autoridad aquellos que están obligados a ganar.

Y ese examen comienza hoy.

México debuta frente a Gran Bretaña. No es el partido que define el torneo, pero sí el que marca el tono con el que se quiere jugarlo.

bambinazos61@gmail.com

@salvadorcosio1

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