Por tercera vez en la historia -caso único en el mundo-, mañana se inaugura el Mundial de Fútbol en el estadio Azteca. Y a quienes hemos tenido la suerte de haber sido testigos de las dos anteriores Copas del Mundo, las del 70 y el 86, hoy la percepción -por lo menos así lo siento- no es la de esa fiesta grande del balompié, donde se tienen grandes esperanzas deportivas y menos se vive un ambiente social desbordado, como sucedió en las dos ediciones pasadas.Primero que nada, México es solamente anfitrión de una mínima parte de la competencia, con apenas 13 partidos de los 104 que componen el torneo; segundo, las aspiraciones del equipo tricolor son todo un enigma, con una escuadra donde no hay estrellas destacadas, liderazgos identificados y con nivel futbolístico que no nos provoque albergar esperanzas extraordinarias. Y lo más importante, el país se encuentra en medio de un torbellino, cuando la imagen de México pudiera verse afectada por las protestas, manifiestas, marchas y desórdenes que los maestros han provocado en los últimos días, y por lo que pudieran provocar -ahora apoyados por estudiantes del movimiento de los 43 de Ayotzinapa-, y por las repercusiones que se pudiera tener alrededor de la inauguración del Mundial, que se ha convertido en el objetivo central de los “educadores” que invaden las calles capitalinas.Pedro Hernández, líder de la Sección 9 de la Coordinadora de Trabajadores de la Educación, dijo ayer después de que se les impidió dirigir la marcha al estadio Azteca, “Estamos aquí porque hasta aquí nos dejaron llegar, pero tampoco hemos renunciado a que vamos a llegar al estadio, hoy, mañana o pasado”. La amenaza es latente.Solución a la vista no hay. Los maestros están “montados en su macho” sobre sus imposibles pretensiones laborales y la contraparte -el gobierno-, en su posición del diálogo, que no se dejarán intimidar por las acciones -hasta con violencia que se han tenido- y que tampoco responderán a la provocación. Dicho en otras palabras, todo está en “un callejón sin salida”.Como se dice popularmente, “el horno no está para bollos”, pero la temperatura ha llegado a un grado en que esto puede explotar en cualquier momento ante la inflexibilidad de las posiciones. Así que, en la antesala del Mundial de Fútbol, no se vive un ambiente mundialista como el que vivimos hace 56 o 40 años respectivamente. Por el contrario, la sensación es de pesimismo y de mucha preocupación. Discúlpenme por ser tan acedo, pero así lo siento.Usted, ¿qué opina?