De ser una reforma electoral en vilo, ayer que la Presidenta Claudia Sheinbaum finalmente envió la iniciativa formal, que mantuvo la reducción en el Senado y la votación directa de diputados plurinominales, así como la reducción presupuestal a partidos políticos y al INE, prácticamente nació muerta, a tal grado que ella misma planteó que, de no pasar, ya tiene listo un “Plan B”.Desde el propio Palacio Nacional, pues, ven muy poco probable que se alcancen los consensos, siquiera con sus aliados del Partido Verde y del Partido del Trabajo (PT) de aquí al 30 de mayo, fecha en que tendría que estar aprobada no sólo la reforma constitucional, sino las leyes secundarias para que estén 90 días antes de que inicie el proceso electoral en septiembre, como marca la ley, y puedan entrar en vigencia.La Presidenta apostó fuerte y todo indica que en esta ocasión perderá.Con el argumento de que ella está cumpliendo un compromiso de campaña de eliminar las listas de candidatos plurinominales a la Cámara de Diputados, y que los partidos políticos que voten en contra de eliminar ese privilegio de las cúpulas y las élites de la clase política y gubernamental serán sancionados por las y los ciudadanos, asegura que se apruebe o no, ella de cualquier manera gana al haber atendido lo que considera un clamor popular.Lo que nunca dijo la Presidenta es que la apuesta con esta reforma también era la selección de los diputados plurinominales por repechaje, que son los segundos más votados, que le podía dar a Morena una eventual mayoría constitucional, ya sin la necesidad de sus aliados del Partido Verde y del Partido del Trabajo, que cada vez cobran más caro sus votos para mantener ese dominio en las cámaras de Senadores y de Diputados.Obviamente, las dirigencias del Verde y del PT nunca permitirían dejar de medrar del partido mayoritario como lo han hecho a lo largo de toda su existencia, al hacer de sus franquicias políticas todo un negocio y modus vivendi. Por eso, sin la permanencia de las listas de diputados plurinominales y con reducción presupuestal, su voto nunca será a favor de la iniciativa presidencial.Desde luego, la propuesta de reforma electoral tiene asegurado también el rechazo de los partidos de oposición, que, con razón, reclaman que la iniciativa es producto de la simulación en la que resultó la consulta pública, en la que nunca hubo un verdadero debate que tomara en cuenta las propuestas no oficialistas, y por quedar como una reforma electoral que, a diferencia de todas las anteriores que provenían de la oposición, esta vez fue concebida desde y para el poder.Por eso, la reforma electoral de la Presidenta no pasará y habrá que esperar su “Plan B” y en qué términos queda con sus aliados del Verde y del PT, que le darán la espalda.jbarrera4r@gmail.com