Viernes, 24 de Octubre 2025

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Y esa enjundia contra el narco, ¿cuándo?

Por: Jaime Barrera

Y esa enjundia contra el narco, ¿cuándo?

Y esa enjundia contra el narco, ¿cuándo?

El viernes pasado el Presidente Andrés Manuel López Obrador reveló que algunos de sus buenos amigos y colaboradores le insisten que, por el desgaste que representa, deje su enfrentamiento con los medios y periodistas que lo cuestionan y critican a la 4T, y que ha intensificado desde que hace tres semanas se publicó el reportaje de la Casa Gris y el posible conflicto de interés en el que habría incurrido el inquilino, su hijo mayor José Ramón López Beltrán. Dijo que les responde que no, que seguirá señalándolos porque se trata de un tema de política muy importante porque los conservadores son los que los utilizan para obstaculizar, según él, la transformación del País.

Por eso la pregunta es qué pasaría si imprimiera tanta enjundia y determinación como lo hace con los comunicadores incómodos (que aseguró el sábado ante los militares, no le han quitado ni una pluma a su gallo), con los Órganos Constitucionales Autónomos como el INE o el INAI, contra los fifís o contra España entre otros enemigos que se construye, si lo hiciera contra los grupos del crimen organizado que prácticamente son innombrables en sus ruedas de prensa mañaneras.

Así en las últimas tres semanas que se la ha pasado defendiendo a su primogénito, la violencia que han desatado los cárteles de las drogas ha llegado a puntos críticos en Sonora, Colima, Michoacán y Zacatecas, y su presencia está en prácticamente todas las regiones del País.

Muy lejos está el gobierno de la autollamada cuarta transformación de cumplir su promesa de pacificar al País y de que sus políticas públicas en materia de seguridad acoten al menos el poder del narco, al grado que México apareció en el cuarto lugar mundial con los mayores grados de criminalidad según el primer Índice Global de Crimen Organizado (IGCO).

Esta situación empieza incluso a presentar al País con serios problemas institucionales, con rasgos autoritarios de su gobierno que afectan la democracia y con altos niveles de infiltración delincuencial, ya que analistas de este estudio señalan que los países categorizados como democracias plenas “en promedio exhiben niveles más altos de resiliencia (para contrarrestar al crimen organizado) que los estados autoritarios”.

El poder del narco, pues, además de achicar el Estado de Derecho empieza a reflejar también la falta de gobernanza en el México de la 4T, por el creciente nivel en el que la criminalidad está permeando ya no sólo en los cuerpos policiales sino cada vez más en instituciones de gobierno; se aproxima a lo que en el IGCO descubrieron en el sentido de que “las correlaciones más sólidas que emergen del Índice es aquella entre la presencia de actores criminales integrados en el Estado y el bajo nivel de resiliencia, lo que sugiere que dichos actores pueden estar socavando la capacidad y la resiliencia del Estado para prevenir los ilícitos”.

Urge, pues, que AMLO empiece a ser tan enjundioso contra el narco como lo es contra los medios críticos y otros contrapesos.

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