Viernes, 18 de Septiembre 2020
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Sin las familias, No

Por: Diego Petersen

Sin las familias, No

Sin las familias, No

La mayoría de los políticos suelen confundir los verbos oír y escuchar. A ellos lo que les gusta es el barullo, el ruido que les hace saber que no están solos, que hay un grupo detrás de ellos, sentir que la gente los sigue, los alaba e idolatra porque son capaces de transformar la vida de alguien con tan solo desearlo, porque tienen el poder de conseguir un presupuesto aquí, hacer una obra allá, darle una chamba o conseguirle una beca, un apoyo, una admisión en un hospital público a alguien. Oír los gritos, los aplausos, los agradecimientos es música para sus oídos. Lo que no les gusta es escuchar, tratar de entender al otro, recibir información que cuestione sus convicciones o contradiga sus intereses, que les digan que eso que están haciendo o que hicieron no es lo correcto, que la decisión que han tomado no es la mejor para la comunidad. Les gusta hacer consultas para oír, para que mucha gente vaya, hable, participe en un remedo de democracia, pero les fastidia tener que escuchar, ponerse en el lugar del otro, ese otro al que se supone deben servir pero que en el fondo les estorba.

La capacidad de empeorar es infinita, lo sabemos de memoria, pero es horrible comprobarlo. Cuando pensábamos que habíamos visto todo en materia de legislaturas para olvidar, llegó la LXII, la actual, con sus desplantes autoritarios y su incapacidad de escucha. El primer evento fue la desaparición del Instituto Jalisciense de las Mujeres y la creación en la misma sesión de la Secretaría de Igualdad Sustantiva con el Congreso rodeado de policías, en ausencia de la oposición y con una convocatoria amañada. No muy distinto fue el nombramiento de los Consejeros de la Judicatura, en la madrugada, de espaldas a la gente y los organismos que ellos mismos habían convocado para hacer un proceso abierto y transparente que ellos mismos traicionaron. Ahora pretenden aprobar una Ley sobre Desaparición Forzada sin escuchar a los familiares de las víctimas. 

Ellas son el sujeto y el objeto de la nueva ley. La ley es para ellas, no para el lucimiento de algún diputado

Uno puede entender -no justificar ni compartir- que hagan ese tipo de triquiñuelas legislativas cuando lo que va de por medio es la acumulación de poder y la gestión de gobierno. Pero cuando se trata de hacer una ley que facilite la búsqueda de personas desaparecidas, no escuchar a las víctimas, que llevan dos años trabajando en ello, es un acto de soberbia. Cuando se habla de doble victimización, primero por el crimen organizado y luego por las instituciones del Estado, es justamente esto, el hecho terrible de que las víctimas tiene que sufrir, además de la pena por su pérdida, el maltrato de los funcionarios de gobierno.

#SinLasFamiliasNo. Ellas son el sujeto y el objeto de la nueva ley. La ley es para ellas, no para el lucimiento de algún diputado o funcionario.

(diego.petersen@informador.com.mx)

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