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Lunes, 17 de Junio 2019
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Sesgo de optimismo y exceso de seguridad

Por: Cesáreo Escobedo

Sesgo de optimismo y exceso de seguridad

Sesgo de optimismo y exceso de seguridad

Hace pocos días un buen profesor mío, Mauricio Guim, me mandó datos sobre una conferencia a la que atendió en la Universidad de Pennsylvania sobre el sesgo de optimismo y el exceso de seguridad entre los ciudadanos estadounidenses. Veamos.

Entre los resultados del estudio se llegó a la conclusión de que el 93% de los conductores automovilistas estadounidenses reportaron estar por encima del promedio de conductores. Un 25% de universitarios de último año asevera que se encuentra en el top 1% en cuanto a habilidades de liderazgo. El 68% de profesores universitarios considera que está en el top 25% de habilidades de enseñanza. Adicionalmente, el 87% de estudiantes haciendo una Maestría en Administración de Empresas en Estados Unidos considera que su trabajo está por encima del promedio. Finalmente (y este es mi favorito), un 0% de los aplicantes para una licencia de matrimonio considera que tiene probabilidades de divorciarse.

Este sesgo lo podemos entender como aquella tendencia a predecir resultados positivos, ligada a nuestra capacidad de imaginar nuestro futuro

Lo anterior resulta aritméticamente imposible. El 93% de los conductores automovilísticos simplemente no puede manejar mejor que el promedio de los conductores. Esto nos demuestra, indudablemente, que nuestro cerebro tiende a un sesgo de optimismo de manera natural e inevitable. Este sesgo lo podemos entender como aquella tendencia a predecir resultados positivos, ligada a nuestra capacidad de imaginar nuestro futuro. Al momento que ligamos este sesgo de optimismo con un exceso de seguridad, estamos construyendo nuestra propia perspectiva sobre nuestro destino.

El sesgo de optimismo y el exceso de seguridad son herramientas inherentes que tenemos para crear un mundo más feliz y positivo. Es necesario que creemos nuestra propia realidad con base a estos factores, siempre y cuando no perdamos de vista las consecuencias reales de nuestras acciones. Tomemos el ejemplo de un fumador. Una gran variedad de estudios señala que si a un fumador le preguntas qué tan factible es que termine teniendo cáncer o que se muera debido a su consumo irresponsable de tabaco, te dirá que es menos factible que le pase eso a él que a cualquier otro fumador.

¿Qué pasaría si llevamos este sesgo de un nivel individual a uno colectivo? Es una gran oportunidad de no sólo creernos individualmente mejores conductores, sino que pensemos que el conglomerado de mexicanos merecemos un mejor Gobierno, una mejor calidad de vida y mejores oportunidades. Únicamente de esta manera podremos genuinamente trabajar hacia una mejor sociedad, haciendo uso del sesgo de optimismo.

El sesgo de optimismo no sólo es positivo para el ser humano, es necesario. No podemos dejar, sin embargo, que funja como un blindaje que nos proteja de cualquier adversidad en nuestras vidas tanto para decisiones positivas como negativas.

cesareoescobedo@gmail.com

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