Lunes, 20 de Septiembre 2021

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Salud mental

Por: Gabriela Aguilar

Salud mental

Salud mental

¿De dónde viene la presión que oprime el espíritu? Cierra los ojos y piensa. A veces del entorno laboral o familiar, de la condición de salud, del aislamiento, del miedo al fracaso o incluso al éxito. Todos tenemos una respuesta distinta. Esta última semana cayeron como gotas de lluvia respuestas que me dejaron helada.

Primero fue una poderosa carta de una mujer que narraba el dolor de perder a su hermano Rodrigo, de apenas 14 años, que sin razón aparente se arrebató la vida. Pero sí que había razones. El adolescente fue diagnosticado con depresión cuatro meses antes y la familia tomó acciones inmediatas con un tratamiento médico y terapia psicológica, pero no fue suficiente. Una familia en concepto funcional se quedó sin aliento, sin respuestas y sin Rodrigo, pensando que el “hubiera” podría haber marcado una diferencia, pero no lo sabrán ni ellos ni las más de 700 mil familias en el mundo que anualmente pierden a un ser querido por suicidio.

Y es que, de acuerdo con estimaciones de la Organización Mundial de la Salud, el suicidio es la cuarta causa de muerte en jóvenes de entre 15 y 29 años a nivel mundial; en México se sitúa en el segundo sitio en el mismo rango de edad. Y todavía falta actualizar la estadística con los efectos del confinamiento por COVID 19.

En una sociedad que exige no mostrar debilidades, que le dice a los varones que “los hombres no lloran” y que normaliza la violencia disfrazada de “juegos de niños” el dolor se somatiza, sí, dolor, porque se manifiesta a través del sistema nervioso, y sin el tratamiento correcto y oportuno se puede llegar a resultados lamentables.

Mientras asimilaba este caso, llegó una alarma mayúscula a las redacciones que hizo evidente el valor de la salud mental: la gimnasta estadounidense Simone Biles anunciaba su salida de los Juegos Olímpicos de Tokio 2020 pues no se sentía en condiciones de continuar en la competencia internacional.

Las reacciones, lejos de estigmatizarla, la colocaron como la figura más relevante de la competencia, con el coraje suficiente para decirle al mundo que prefería hacer una pausa antes de poner en riesgo su propio equilibrio. Leyendas como Usain Bolt, Michael Phelps y Nadia Comaneci aplaudieron su decisión.

Luego de obtener numerosas medallas doradas a lo largo de su carrera, Biles, de tan sólo 24 años, le regaló al mundo la lección más valiosa: la reflexión sobre la salud mental. Y el mundo puso el concepto bajo la lupa atando cabos de cómo hace unos meses la tenista japonesa Naomi Osaka abandonó el Abierto de Francia por el mismo motivo. Llegó el momento de cambiar el esquema.

La salud mental es un tema sobre la mesa que se ha colocado bajo el mantel, a oscuras, en silencio y que ya no puede permanecer ahí. Que requiere atención inmediata porque la sociedad cambia y tiene necesidades distintas. ¿Qué sería del desarrollo personal si hubiera un consultorio abierto de terapia psicológica en cada institución académica desde los primeros años de formación hasta el nivel superior? ¿Qué sucedería si a la par de un diagnóstico clínico con el médico familiar o el especialista, la receta incluyera sesiones psicológicas?

Quizá presumiríamos una sociedad más asertiva, fuerte y productiva, pero en un momento real en el que la debilidad de la economía, el desempleo o la violencia en todas sus variantes se asoman por la ventana parece difícil que los presupuestos federales o estatales vayan al diván y tomen en cuenta a la salud mental como un rasgo urgente de atención en la salud pública.
 

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