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Jueves, 22 de Noviembre 2018

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"Rulfo, siempre"

Por: Carlos Enrigue

"Rulfo, siempre"

No cabe duda que releer Pedro Páramo es siempre una experiencia muy agradable y enriquecedora. Es muy difícil y sería injusto señalar verdaderamente que algún autor o libro es mejor que otro, pero considero que si puede ser valido hacerlo a título personal, ya que la lectura además de su valor objetivo produce siempre un reflejo -muy personal- en el lector; la obra del jalisciense está juzgada y alabada por críticos en todo el mundo, mi interés particular es tratar de describir y comentar con ustedes las impresiones que me causa esta nueva lectura.

Debo decir que la incursión en el mundo de Rulfo me produce siempre una emoción nueva cada vez. Sin duda es una obra de arte no solo para los conocedores sino para el lector común.

Para comenzar la obra es breve, de una brevedad que lo enaltece, no es uno de esos libros cuyo valor consista en cientos de páginas, no, como obra perfecta no tiene puntos sobrantes o de relleno, yo diría que la perfección con que está escrita hizo que fuera una obra perfecta en más de un sentido, tiene además el tamaño que debe tener; esa perfección por una curiosa me hizo recordar, por alguna asociación de ideas que hace muchos años que en la antigua plaza de toros el Progreso, Antonio Ordoñez hizo una faena extraordinaria -era el primer toro de la corrida-. Entre el público estaba el matador en retiro Jesús Solórzano que al terminar la faena le levantó de su asiento y se dirigió al túnel de salida. Algún espectador le preguntó extrañado ¿chucho, ya te vas? Y Chucho le contestó: “si, ya ví torear” aquello era algo que no podía superarse y lo mismo sucede con la obra de Rulfo.

Muchos se han preguntado por que no dejó más obra escrita, pero yo creo que además de que tenía otros intereses -donde también mostró su genio: tales como la fotografía, por citar una. A mi juicio él sabía lo que había escrito y sabía que era una obra maestra. Los que son genios, saben que lo son y no necesitan de apoyadores externos, les basta con ver su obra.

Tal vez mi solitario lector piense que como soy un exagerado en general, estos exagerando ahora, pero créame que no; tal vez la primera vez que lea Pedro Páramo o el Llano en llamas se sorprenda un poco pero le garantizo que de una forma u otra lo impactará, se lo aseguro. Pero la segunda y las posteriores veces que decida leerla, que seguro lo hará comenzará a gozarla cada vez más.

Hace muchos años ya que tuve la suerte de leerlas y durante los años siguientes periódicamente vuelvo a la obra, leyéndola sin prisas, como una obra placentera y en cada ocasión que inicio el acompañamiento de la búsqueda de Juan Preciado entro a un mundo nuevo y lo mismo sucede cuando se leen las historias del llano; porque el universo rulfiano nos traslada.

Este mes conmemoramos su partida y siempre es un buen día para vivir su obra.

YR

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