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Domingo, 13 de Octubre 2019
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Responder estupideces

Por: Diego Petersen

Responder estupideces

Responder estupideces

La semana pasada el gobernador contestó a una pregunta que evidentemente no le gustó, por motivos quizá justificados, que él era un gobernador serio y que no respondería estupideces. Esta es quizá la respuesta menos inteligente a una pregunta que, no comparto su opinión, él considera estúpida. La relación de los gobernantes con la prensa suele ser compleja y más cuando el carácter de quien gobierna es fuerte y directo, poco dado a las sutilezas, como es el caso de Alfaro.

La intervención que el gobernador calificó como estúpida otro la habría tomado como una oportunidad para mandar un mensaje y usar una acusación disfrazada de pregunta para abonar a su favor. Pero ese no es el estilo de Enrique Alfaro y ahora sí que cada quién, pero eso que él considera ahora que es su fortaleza -enfrentarse a los reporteros para hacer sentir el poder- puede revertirse muy rápidamente. Lo que no toman en cuenta los gobernantes cuando hacen este tipo de desplantes de poder (no son otra cosa) es que no se ofende al reportero que hizo la pregunta incómoda, mala leche, fuera de lugar, como se quiera llamar, sino a eso que el argot periodístico conoce como La Fuente (y no me refiero a la cantina del mismo nombre, aunque sus dinámicas sean muy parecidas).

Pocas cosas le caen tan mal a un gobernante como que le impongan la agenda; pocas cosas gozan tanto los reporteros como poner en la agenda un tema que le es incómodo al poder

Es cierto que el nivel de preguntas deja mucho que desear, que muchas son obviedades u opiniones y prejuicios disfrazados de preguntas. Detrás de una respuesta tonta suele haber una pregunta tonta, pero en la mayoría de los casos los medios solo publicamos la respuesta, lo que es, por decir lo menos, injusto para el gobernante. Pero lo mismo podemos decir de quien ejerce el poder: en no pocas ocasiones detrás de sus declaraciones grandilocuentes suelen esconderse intereses que nunca se hacen explícitos. Es pues una relación compleja, un juego de espejos donde cuesta trabajo dilucidar cuál de todas las imágenes reflejadas en ese laberinto es la verdad.

Pocas cosas le caen tan mal a un gobernante como que le impongan la agenda; pocas cosas gozan tanto los reporteros como poner en la agenda un tema que le es incómodo al poder. Ni una ni otra cosa es mejor ni más correcta, simple y sencillamente así es la relación entre medios y gobernantes en una democracia. Pero si bien el poder es absolutamente desigual (nunca, por más que se mitifique sobre esto, un medio tendrá el poder de un gobernante) los medios tienen una pequeña pero significativa ventaja: ya estaban ahí cuando llegó el gobernante y estarán ahí para despedirlo. Esa sutileza del tiempo termina dando a los medios una herramienta letal: una buena parte de la historia terminará siendo lo que apareció, o no apareció en sus páginas, imágenes y sonido.

Tan ineficiente es gobernar para los medios (pregúntele a Peña) como tratar de hacerlo sin ellos. Es mejor responder estupideces que responder que eso es una estupidez.

(diego.petersen@informador.com.mx)
 

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