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Lunes, 10 de Diciembre 2018

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¿Religiones mexicanas?

Por: Armando González Escoto

¿Religiones mexicanas?

¿Religiones mexicanas?

¿Alguna vez surgió en nuestro país alguna religión propia y original de estas tierras? Solamente en la era prehispánica, cuando los habitantes originarios del continente a fuerza de pensar y cuestionarse fueron creando un universo de dioses y diosas a los que representaron de distintas formas dándoles cultos muy elaborados o muy simples a tenor de su grado de evolución. Así fue que nacieron divinidades como Tlaloc entre los nahuas, Curicaveri entre los purépechas o Kukulkan entre los mayas.

Con la llegada del cristianismo la mayoría de la población se plegó a esta nueva religión hasta constituirse en la fe dominante de la Nueva España y del posterior México, pero a mediados del siglo XIX el propio gobierno mexicano se dio a la tarea de introducir en el país religiones de origen protestante, a las que en la actualidad se les denomina confesiones cristianas. Con su llegada se implementaba  la cultura religiosa de origen anglosajón por más que conservara todo un conjunto de estructuras y principios doctrinales católicos, dado que todas estas confesiones se habían desprendido del tronco común de la Iglesia en el siglo XVI.

A principios del siglo XX comienzan a entrar al país nuevas denominaciones protestantes pero ahora con un fuerte carácter norteamericano, sobre todo las religiones llamadas pentecostalistas, cuya característica radica en la búsqueda de la exaltación emocional como un recurso para lograr una fuerte experiencia psicológica: gritar, llorar, convulsionarse, patalear, manotear, desahogarse, expandirse, tirarse al suelo, desmayarse, todo con base a un ritmo que poco a poco va llevando de la compostura inicial al paroxismo.

Más de algún mexicano seguidor de estos movimientos norteamericanos acabó pirateando la marca para hacer su propia secta, de ser solo agente de la franquicia, se adueñó de la misma haciéndole uno que otro arreglo, con lo cual también las jugosas ganancias que produce el paroxismo religioso vinieron a quedar bajo su exclusivo dominio, y claro, el de su familia. En México existen por supuesto religiones que se manejan como empresas familiares, al igual que ciertos partidos políticos.

No se trata claro está de una secta “mexicana”, para serlo tendría que ser realmente original, y por lo mismo tener otro Dios, otros libros, otras estructuras y formas y no las que muestran, con frecuencia no otra cosa que una piratería evidente de las formas y estructuras del catolicismo. Sin duda que el que nace para pirata, aunque lo cuelguen.

Lo que sí consta es la manera en que el gobierno, pese al estado laico, protege y privilegia de muchas formas y modos a estas agrupaciones bajo los pretextos más torpes, a tal punto que sus funcionarios se hacen presentes en los eventos de estas asociaciones religiosas para otorgar “reconocimientos” ¿Cómo a qué? ¿al éxito empresarial? ¿a la piratería? ¿a la derrama económica sea por la razón que sea?

La maravilla del estado laico, en los países donde sí funciona, radica en la capacidad del gobierno para no vincularse a favor de religión alguna, menos aún cuando una determinada secta está en contra de todos los demás, pues como dice el dicho, los amigos de mis enemigos, son mis enemigos también.

 armando.gon@univa.mx

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