Miércoles, 19 de Febrero 2020
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Por una buena inteligencia corporal

Por: Guillermo Dellamary

Por una buena inteligencia corporal

Por una buena inteligencia corporal

¿Te habías puesto a pensar que nuestro cuerpo se puede educar para ser más inteligente?

En una ocasión me topé con un formidable anciano que ya cerca de los 90 años, rebosante con una enorme salud y, sobre todo, de un vigor y una energía espléndida que le permitía practicar varias actividades deportivas, en especial el excursionismo de alta montaña. No pude resistirme a la idea de hacerle una par de preguntas, del cómo es que había logrado semejante condición, y si yo podría hacer algo parecido con mi cuerpo.

El hombre, entusiasmado, me dijo que existe una vieja tradición en su cultura, de que el cuerpo se puede y debe entrenar de una manera disciplinada, y que así como aprendemos un idioma, o un empleo, también tenemos que aprender a conocer y a manejar nuestro cuerpo.

Me quedé impresionado por aquellas palabras y no pude menos que pedirle que me explicara un poco más su teoría. Y esto es lo que me explicó con mucha sencillez.

El cuerpo está para servirnos. Es nuestro vehículo para vivir esta maravillosa experiencia de la vida, pero lo tienes que entrenar para que te obedezca y responda a como tú quieres que haga las cosas.

Porque, de lo contrario, el cuerpo va a dominar tu mente y, con recursos muy fuertes, como la sed, el hambre, la fatiga, los deseos, los antojos, los apegos, los impulsos y, en fin, muchas fuerzas que te pueden someter sin que tú puedas mover un dedo.

Me sentí atraído por las ganas de probar qué tanto estaba ya sometido al poder que tiene mi cuerpo sobre mi voluntad y le pregunté: ¿Si tu cuerpo te llega a dominar en alguna cuestión, qué aconsejas hacer? Hizo una mueca y tomó aire profundamente y me explicó lo siguiente: la clave está en saber que si tu cuerpo lo entrenas a que te obedezca y haga lo que quieres, tendrás una mayor inteligencia corporal, si no lo logras tendrás un cuerpo rebelde, caprichoso, torpe y eso resulte en ser un cuerpo un poco tonto.

Sin duda que las actividades físicas y deportivas practicadas desde la infancia te ayudan a que conozcas lo que puedes o no hacer con tu cuerpo. Los ejercicios que realizas indican qué tanto debes de llevar a su máxima capacidad, en cada uno de los movimientos. Y entre más conscientes y dirigidos sean, más inteligente es tu cuerpo.

Por lo mismo, agregó aquel diminuto y astuto hombre, también debes de saber qué es conveniente comer y alimentarte con una mayor conciencia de todo cuanto afecta y ayuda a tu cuerpo a estar más saludable. Así como los expertos en aromas desarrollan su olfato o los catadores de vino su paladar, tú puedes desarrollar mucho más tus sentidos y alcanzar niveles de destreza que nunca imaginaste. Detectar los nutrientes correctos en tu cuerpo  es un arte que hay que desarrollar.

Tan sólo piensa, me insistió, lo que significa que desarrolles tus habilidades corporales para aumentar la eficacia de tu sistema inmunológico o dominar el dolor y tener conciencia del funcionamiento del hígado. Todo eso no es ciencia ficción, me dijo con entusiasmo y certeza. Es una realidad que venimos conservando en mis tradiciones y que bien podemos aplicar en nuestros tiempos. El cuerpo es muy inteligente, pero sin entrenamiento y dirección de la mente, es torpe, enfermizo y fácil víctima de todo tipo de trastornos.

Tan entusiasmado quedé con sus explicaciones que quise compartir éstas ideas y promover que se enseñe la inteligencia corporal en las escuelas. Una materia indispensable en nuestro programa educativo.

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