Viernes, 05 de Junio 2020
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Palacio abierto, oídos sordos

Por: Diego Petersen

Palacio abierto, oídos sordos

Palacio abierto, oídos sordos

Hoy saldrá de Cuernavaca la marcha encabezada por Javier Sicilia en demanda de una paz con justicia y dignidad. No piden nada más ni nada menos de lo que han exigido desde hace casi nueve años a Calderón, a Peña Nieto y ahora a López Obrador. No es personal; la justicia y la paz hay que exigirlas al presidente porque él es el jefe de Estado, porque una verdadera política de seguridad no es cosa de un gobierno, es de Estado, porque un problema como el de nuestro país no se resuelve en un año ni en un sexenio, ni con voluntarismos, pero sobre todo no se resuelve con el toque mágico de un líder popular.

La investidura presidencial no se mancha al recibir y atender a las víctimas de la violencia que exigen, con toda razón y justicia, que el Estado haga lo que tiene que hacer. Resulta por demás decepcionante que el presidente piense que escuchar es un show, que el rey del circo mediático considere que todo acto simbólico que no encabece él es propaganda. Pero eso a fin de cuentas es política, lo que hace el presidente es grilla barata de la que dice que no le gusta. Lo verdaderamente preocupante es el desprecio con el que el presidente ve a las víctimas y la incapacidad de los funcionarios para dar respuesta, que la secretaria de Gobernación, Olga Sánchez Cordero, haya recibido al grupo promotor sin haber leído el documento que le entregaron al presidente, por petición de éste, hace año y medio.

En seguridad no hay ni debe haber partidos, pero si hubiera que tomar uno es el de las víctimas, nunca el de los funcionarios

No vamos a tener seguridad en México mientras sigamos pensando que el problema es de otros; mientras se grite a voz en cuello, de mitin en mitin, que la inseguridad es una herencia maldita; mientras los políticos sigan buscando culpables en el pasado sin hacerse responsables del presente; mientras se criminalice a las víctimas con frases como “se matan entre ellos”, o “tenían antecedentes penales”; mientras hablemos de los muertos de Calderón, los de Peña y ahora los de López Obrador, y no de los muertos de todos, de nuestros muertos; mientras el enemigo sea la víctima que denuncia y no el criminal que provoca el sufrimiento.

En seguridad no hay ni debe haber partidos, pero si hubiera que tomar uno es el de las víctimas, nunca el de los funcionarios que lucraron con el sufrimiento de las personas para llegar al poder y una vez instalados en Palacio tienen siempre cosas más importantes que hacer. De nada sirve un Palacio abierto si dentro solo hay oídos sordos.

(diego.petersen@informador.com.mx)

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