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Domingo, 09 de Diciembre 2018

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No saber ganar

Por: Sergio Aguirre

No saber ganar

No saber ganar

Muy extraño lo que está pasando. Por un lado el lopezobradorismo sigue como siempre muy enojado. En las redes sociales -territorio de MORENA-, es donde es más palpable. Al crítico de AMLO así le va. Parece como si su abrumadora ventaja implicara una especie de mandato divino con el cual siempre se debe de estar de acuerdo. De lo contrario se le es tachado cuando menos como priista, intrigoso, racista y clasista. Lo de hoy es el besamanos. Si no, véase la cantidad de personajes que acuden a diario a las oficinas de López Obrador, a rendirle pleitesía casi religiosa. Al igual, los periodistas salameros de siempre ya se alinearon con AMLO.

Por otro lado, en lugar de la discreción esperada hasta el 1° de diciembre simplemente no ocurrió. Todo lo contrario. En lugar de concentrarse en la transmisión del mando, parece seguir en campaña, lo cual por cierto, de alguna manera provoca la actitud de sus seguidores. Pero peor, siguen sus contradicciones, tanto de él como de sus más cercanos colaboradores. Y más peor, a López Obrador le vale un pepino el llamado bono democrático, que no es otra cosa sino la popularidad al inicio de todo sexenio. Los nombramientos de Bartlett y análogos como Bejarano más los acumulables son impresentables. Y eso le va a costar popularidad. El síndrome de teflón tan de él, ya no funcionará más.

Esa es una forma de ver las cosas. La otra: AMLO nos está calando. Viendo hasta dónde puede estirar la liga. O sea, quiere ver la reacción de la opinión pública ante nombramientos de impresentables y el anuncio de acciones antagónicas e incluso absurdas, aún viéndolas desde el prisma de buscar todo el poder. Porque debe de cumplir -por ahora- con los compromisos hechos con su gente. Además de la observación de cuáles de todas sus propuestas resultan ser más populares. La propuesta a) es contradictoria de la b). Luego, habrá de ver cuál es más popular, si a) o b). No importa cuál es la mejor, sino la más redituable políticamente.

Otra: López Obrador ya está delirando (era de esperarse pero no tan rápido). Ya se siente Presidente en funciones, cuando todavía le faltan algunos meses. Lo cual además de implicar una violación a las reglas, es un insulto al Presidente saliente Peña Nieto, que sigue siendo nuestro Jefe de Estado hasta diciembre, nos guste o no. No hay prudencia. Como ganó de forma casi total, se justificaría tomar de facto el poder antes de tiempo, dirían algunos junto con él. El ansia no les permite ver lo poco conveniente de lo dicho. También una muestra del porvenir del próximo Gobierno: contradictorio y corrupto. En fin. Incluso pueden ser todas las razones apuntadas y revueltas.

Habrá de recordar 2006 y 2012, donde AMLO no reconoció los resultados presidenciales, mostrando abiertamente no saber perder. Pero ahora es al revés. Además de ser un mal perdedor, es un mal ganador. De lo contrario como ya se dijo antes, andaría con bajo perfil hasta diciembre. Hablando lo estrictamente necesario. Y evitando nombramientos polémicos.

sergio@aguirre-consultores.com.mx / @seraguirre)
 

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