Martes, 02 de Junio 2020
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Los enredos de Alfaro

Por: Diego Petersen

Los enredos de Alfaro

Los enredos de Alfaro

Las contradicciones, jaloneos y dudas en el manejo de una crisis de salud como la que estamos viviendo son la nueva normalidad. Seamos honestos, nadie está preparado para manejar algo que no conocemos, nadie tiene la certeza de que una decisión sea la correcta y la experiencia en todo el mundo es que el manejo de la crisis por COVID-19 ha sido de ensayo y error, de aproximaciones y estimaciones. Se reclama a los gobiernos no generar información suficiente, cuando en realidad no hay manera de tenerla, se le exige tomar decisiones que satisfagan a todos, cuando cualquier decisión por naturaleza afecta a un grupo y favorece a otro. 

Enrique Alfaro tomó la decisión de seguir un camino distinto al del gobierno federal en el manejo de la crisis. Cerró las escuelas una semana antes y obligó a la población al confinamiento social 15 días antes que el resto del país. Los resultados en materia de salud ahí están: Jalisco tiene segunda tasa más baja de contagios por cada cien mil habitantes con 95, solo por debajo de Durango que tiene 83 y muy lejos de los primeros lugares, Ciudad de México que tiene arriba de mil 400 o Tabasco y Baja California que están por encima de los 850. 

El gobernador Alfaro, cuya aprobación subió mucho por el manejo de la pandemia, ha convertido este tema en su forma de diferenciación con el gobierno federal y eso lo llevó la semana pasada a acelerarse en la toma de decisiones. Hay que decir que no fue el único, el gobierno federal también había anunciado la reapertura de tres sectores -construcción, minería y automotriz- para el día de hoy y finalmente lo pospusieron para junio sin dar explicación alguna. El problema es que Alfaro anunció con bombo y platillo el regreso a la actividad económica y luego no pudo sostenerlo. Él dice que fue mal interpretado por los medios y las redes sociales, pero si todos malinterpretaron hay que pensar más bien en que el problema vino de las contradicciones propias del gobierno del Estado, derivadas en gran medida de las dificultades para tomar decisiones en estos momentos. 

Es absurdo pedir a los gobiernos coherencia absoluta en el manejo de esta crisis. Eso es lo que hacen los militantes de uno y otro bando y por lo mismo hay que desoír a ambos, los que atacan sin ton ni son a López Obrador o a Alfaro. Pero de ahí a que el gobernador culpe a los jaliscienses de haber malinterpretado lo que, por las razones que sea, fue producto de una mala información o un cambio absolutamente válido de opinión, hay un abismo. Pero eso sí, que cada uno se haga cargo de sus enredos.

diego.petersen@informador.com.mx
 

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