Sábado, 28 de Noviembre2020

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Lecciones cíclicas

Por: Cesáreo Escobedo

Lecciones cíclicas

Lecciones cíclicas

Lamentablemente, a lo largo de la historia las enfermedades han formado parte del ciclo de la vida. Cada determinado tiempo el mundo ha recibido los desastres de una pandemia a nivel económico, social, emocional, entre otros. Existen ciertas cosas que podemos aprender de las pandemias y enfermedades generadas a lo largo del tiempo. El propósito del presente artículo es detenernos un momento para pensar que ante la adversidad también existe la esperanza. Veamos. 

Resulta pertinente traer a esta lectura una peste antigua que data del año 541 donde una epidemia cimbró al Imperio Bizantino cuando se encontraba en su máximo esplendor. La peste arrasó con la vida de más de 40% de la capital del Imperio Bizantino, Constantinopla. Las implicaciones económicas fueron enormes y, según Guiomar Huguet Pané, escritor de National Geographic, la situación llegó a ser tan crítica que hubo un momento donde se contaban más muertos que vivos. 

Es impresionante que a casi 1480 años de la llamada Peste de Justiniano, a pesar de nuestros avances tecnológicos y las mentes brillantes actuales la naturaleza siga siendo la que nos rige. A casi un año de haber iniciado esta histórica pandemia, los países más poderosos sumando sus esfuerzos económicos e intelectuales no han logrado al día de hoy dar solución a esta crisis.

Lo anterior nos lleva a entender que no hay nada ni nadie por encima de las leyes naturales. El Imperio Bizantino, encontrándose en un momento de esplendor recibió un revés que acabó con su estabilidad. Lo mismo ha ocurrido en repetidas ocasiones en casos tales como la peste negra, la gripe española y la gripe asiática. Esta última, originada en 1957 en la Península de Yunán en China se expandió por todo el mundo en menos de un año y se estima que llegó a cobrar la vida de más de un millón de personas. Por su lado, en el continente europeo la denominada gripe española se originó a finales de la Primera Guerra Mundial, tuvo una tasa de mortalidad entre 10% y 20% y se estima que fallecieron entre 20 y 50 millones de personas. 

Esto nos lleva a entender que todo comienzo tiene un fin y que el funcionamiento de la vida es cíclico. Con la vida viene la muerte, con la estabilidad la inestabilidad y después de una pandemia llega la prosperidad. Es por ello que si bien nos enfrentamos a una serie de adversidades sin precedentes en todos los ámbitos, una mejora no solo es deseable sino inevitable. La historia nos dice que después de una adversidad la única opción es renovarse por medio de la conciencia individual, colectiva, y el trabajo arduo. Es una cuestión cíclica. 

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