Domingo, 27 de Noviembre 2022

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La tentación autoritaria y la democracia

Por: Diego Petersen

La tentación autoritaria y la democracia

La tentación autoritaria y la democracia

La pulsión autoritaria viene con el poder, es parte del paquete. Hay, sin duda, personalidades más autoritarias que otras, pero eso solo hace más evidente el fenómeno. Es el diseño de las leyes y las instituciones lo único que realmente puede controlar ese impulso de todo presidente o gobernador, sea por convicción, terquedad o maldad, a imponerse sobre los demás. 

Cuando un presidente dice que las leyes le estorban, cuando los trámites del gobierno que él encabeza son un obstáculo para sí mismo, cuando otros poderes le incomodan por el simple hecho de existir, es momento de parar antenas. “El decretazo” para que nadie detenga las obras del presidente no es un exabrupto, no es un momento de molestia, es una actitud sistemática y progresiva de esta administración.

Dice el dicho que los políticos no dan paso si huarache; toda acción que emprenden busca incrementar su poder, aunque no siempre lo logren. López Obrador no adelanta un pie sin las Fuerzas Armadas. Paso a paso, decisión tras decisión, el Ejército y la Marina se han ido convirtiendo en el gran aliado del poder. El llamado del General Luis Crescencio Sandoval a apoyar “la transformación en marcha” es una intromisión de las Fuerzas Armadas en asuntos políticos que no habíamos visto en años; el proyecto de aval de la Corte a la reforma que permite el despliegue militar en todo el país y la reforma a la estructura de la Sedena para fortalecer la posición del General Secretario frente al resto de los altos mandos militares son señales poco prometedoras en una república debilitada por la corrupción y la falta de credibilidad de sus instituciones.

Dicho en palabras del propio López Obrador, no como presidente, sino en su entonces papel de eterno candidato de la oposición, el problema no es sacar al Ejercito de los cuarteles sino regresarlo. Cada institución destruida en esta administración, con razón o sin ella, ha sido sustituida por el Ejército y la Marina. Si lo medimos en presupuesto ejercido, las Fuerzas Armadas se han duplicado en estos tres años; si lo medimos en poder y tareas encargadas, su fuerza se multiplicó. 

El próximo presidente de la República, quien sea y el partido que sea, llegará atado de manos, muy probablemente con un Congreso dividido y sin mayoría, con problemas de gobernabilidad del territorio por la presencia del crimen organizado, y con unas Fuerzas Armadas empoderadas y acostumbradas al negocio. Las decisiones que está tomando el presidente van, pues, más allá de una refinería, un aeropuerto o un tren. Lo que se está poniendo en juego son las instituciones y las reglas fundamentales de nuestra democracia.

diego.petersen@informador.com.mx

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