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Sábado, 23 de Febrero 2019

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La sociedad igualitaria

Por: Martín Casillas de Alba

La sociedad igualitaria

La sociedad igualitaria

Imposible no asociar el cuento Harrison Bergeron, de Kurt Vonnegut Jr., con algunas de esas situaciones que pudimos haber padecido o como ahora se me ocurre con la baja de sueldos de los funcionarios, sin considerar el premio por sus estudios, talento, esfuerzo y méritos logrados.

Lo que sucede en el cuento se refiera al año 2081 cuando nos dicen que por fin logran tener una sociedad igualitaria en donde “todos son iguales en todos los sentidos; ninguno es más listo que el otro; ninguno es mejor parecido que otro; ninguno es ni más fuerte ni más ágil que otro y toda esta igualdad se debe a la incesante vigilancia de los agentes de la Jefa de Impedidores, quien un día se llevó a Harrison de catorce años de edad, hijo de George y Hazel Bergeron.

“Fue trágico, sin duda, pero George y Hazel no podían detenerse a pensar mucho en el asunto. Hazel tenía una inteligencia media, es decir, no podía pensar en nada sino de manera repentina y breve. En cambio, George tenía una inteligencia que superaba por mucho a la normal y, por eso, tenía un pequeño radio en su oreja que funcionaba como impedidor mental: cada veinte segundos el transmisor enviaba un agudo ruido para evitar que se aprovechara injustamente de su inteligencia...”

A veces, cuando George y Hazel veían televisión, ella lloraba, pero se le olvidaba la causa. Sí, damas y caballeros, se trata de una sociedad igualitaria hacia abajo, por decirlo de alguna manera, en donde a las mejores bailarinas les colocaban bolsas con perdigones para que bailaran igual que las que no lo hacían bien; a las que eran bellas, les ponían una máscara para ocultar su belleza y, los que eran guapos, como el joven Harrison, le ponían en la nariz una pelota de hule roja y les rasuraban las cejas; ¡ah!, y si tenía dientes blancos, lo obligaban a usar casquetes negros para que parecieran chimuelos.

El locutor de noticias tenía problemas con el habla: un día tardó más de cinco minutos para decir: ‘Damas y caballeros’ y como Hazel lo había visto por la TV, pensó que debería de recibir un premio por el esfuerzo tan grande que había realizado.

Kurt Vonnegut Jr. (1922-2007) nació en Indianápolis, EE.UU. Trabajó en relaciones públicas en la General Electric; luego, asistió al Carnegie Tech y a la Universidad de Tennessee para convertirse, como dijo en su momento Graham Greene: “En uno de los mejores escritores norteamericanos vivos.” Entre sus obras está Cat’s Cradle y Slaughterhouse-Five, llevada al cine como Matadero cinco. Vonnegut es un hito en los cuentos de ciencia ficción.

Cuando Harrison Bergeron se escapó y pudo quitarse las bolsas de perdigones que le habían colocado porque era un gran atleta, se quitó la nariz roja que tanto le estorbaba para sonarse y escapó para irse corriendo al salón donde estaban las bailarinas a las que les dijo, con su voz de mando, que “aquella que se atreviera a ponerse de pie sería su mujer”... una de ellas se levantó y, cuando Harrison le quitó la máscara, resultó ser deslumbrantemente bella, aunque, la pobre, al tratar de levantarse parecía un sauce en medio de un ventarrón.

Entonces, se dio una verdadera explosión de alegría y los dos saltaron por el aire como si no existiera la fuerza de gravedad que “habían neutralizado con su amor y voluntad.”

“Así permanecieron suspendidos en el aire besándose largamente; larguísimamente. Fue en esos momentos cuando la Jefa de Impedidores entró al estudio con una escopeta de doble cañón y alto calibre que disparó dos veces: el Emperador y la Emperatriz murieron antes de llegar al piso.”

Relacioné este cuento con la creación de una ‘burocracia igualitaria’ en donde los funcionarios no podrán ganar más que el Presidente ahora que se ha bajado el sueldo, sin importar la carga de trabajo, la responsabilidad y, menos, los estudios y posibles méritos alcanzados. 

malba99@yahoo.com

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