El Centro Histórico de Guadalajara es la sala del Estado, la sala de la ciudad y de la sociedad tapatía. Por lo común la sala de las casas es el espacio mejor cuidado en todas partes, porque es el sitio donde se reciben las visitas, y la hospitalidad manda que sea un lugar agradable, en el que la gente quiera estar; la calidad de este ambiente refleja la calidad de los habitantes de la casa y su bonhomía.Si esto es así, nuestro Centro Histórico está hablando bastante mal de nosotros, pues hemos dejado que se destruya. A buena parte de los habitantes de la ciudad el tema les tiene sin cuidado, ellos van a Andares, a Galerías, y se les olvida que el centro de Guadalajara es herencia y responsabilidad de todos.Por lo pronto hay que señalar que nuestro Centro exhibe todos los días tres tipos de paisaje. Uno es el que produce el tráfico vehicular estrangulado por el cierre definitivo de importantes arterias, por la ausencia de semáforos sincronizados, por la conversión de las vías en estacionamientos por ambos lados, por la anarquía de automovilistas, sobre todo camioneros, y también de los peatones, un paisaje altamente contaminado como consecuencia no sólo de la densidad vehicular, sino sobre todo del congestionamiento, todavía más agravado por la ausencia de agentes viales.El segundo es el de su infraestructura, con innumerables casas destruidas, otras pintarrajeadas, cableados aéreos como barañas, postes chuecos, semáforos que jamás nadie ha limpiado, banquetas informes, calles tapizadas de baches, tugurios disimulados, suciedad por todos lados, árboles descuidados, unos mochos, otros emplagados, obras todo el tiempo a medias y restos de obras por doquier, jardines de nadie, y un robadero de infraestructura urbana que incluye cables, alcantarillas, placas de monumentos y hasta parte de las mismas bancas a las cuales les arrancan las tiras de metal.El tercer paisaje es el humano. La poca gente que aún vive en el Centro lo hace a más no poder, con la experiencia de la constante inseguridad, visitados una y más veces por los ladrones. Empleados atendiendo comercios y negocios, muchos mosqueándose, otros descuidando su deber por atender el celular. De vez en cuando policías en bicicleta, transeúntes a todas horas, clientes, visitantes, apartalugares, lavacoches, vendedores ambulantes, todo mundo atento para no ser asaltado. Pero sobre todo una verdadera invasión de vagabundos, es decir, cientos de ellos.Bueno, ya no se sabe si son vagabundos o exmigrantes, pero constituyen un serio problema pues tras de muchos de ellos se ocultan bandidos ocasionales y vándalos de todos los días que hacen de la vía pública escusado, porque tal vez tampoco sea ya delito hacerlo en público a menos que medie denuncia. No es asunto de estética, es problema de ausencia de programas sociales que integren a todas estas personas en labores productivas. Por lo pronto han hecho de las calles del Centro su vivienda, ahí cocinan, ahí comen, ahí duermen y todo lo demás. Este es un problema que la claudicante actual administración no sólo no resolvió sino que dejó crecer a niveles alarmantes.armando.gon@univa.mx