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Sábado, 17 de Noviembre 2018

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La memoria como teatro del espíritu

Por: Martín Casillas de Alba

La memoria como teatro del espíritu

La memoria como teatro del espíritu

La presentación de los libros es una celebración como la que organizamos el martes pasado en la Casa ITESO Clavigero que resultó gozosa por estar acompañado de dos amigos: Juan Palomar Verea, tapatío, arquitecto, poeta de quien admiro y leo cada semana sus ‘Atmosféricas’ y Rodrigo Johnson Celorio, chilango, director de teatro, actor y guionista que vino como yo de la Ciudad de México para acompañarme a esta fiesta.

Los dos habían leído bien “Fe de erratas”, la memoria que acaba de salir publicada por Bonilla y Artigas Editores, en donde recuerdo lo hecho y deshecho de casi dos décadas (1977-1994) que fueron, tal vez, el apogeo de mi oficio como editor improvisado, escrita de manera coloquial y con algo de sentido del humor pues, como dijo Jorge Wagensberg hace un par de semanas en Babelia: “existe el humor grueso e hiperrealista de quien se ríe de los defectos ajenos, pero hay otro fino y surrealista de quien se ríe de uno mismo” y, si a esto le agrego de mi puño y letra, como es el de aquel que acepta sus errores y sale fortalecido de cada crisis para que tenga sentido leer esto que he escrito.

Rodrigo abrió fuego graneado recordando que “desde hace casi treinta años he tenido una amistad ininterrumpida y, ahora, leyendo estas memorias, ésta “Fe de erratas”, me doy cuenta de lo privilegiado que fui de ser parte de esa “Época”, cuando Martín coordinaba “La Plaza”, a mi gusto, el mejor suplemento cultural del momento… Es fácil encontrar autobiografías, ensayos y hasta tratados sobre el quehacer de un autor, sin embargo, no es tan fácil conocer el mundo y los esfuerzos de quienes hacen posible a ‘ese’ autor… a ese loco que ama el papel y la tipografía por encima de su bolsillo, al idealista que se maravilla ante el libro impreso que lanza al mar dentro de una botella…”

Y, tal como se pueden imaginar, el autor, escuchando estas y otras maneras de leer este libro, no podía menos que estar feliz de la vida.

Después fue Juan Palomar Verea quien empezó diciendo que ha encontrado “una corriente vital y poderosa, que atraviesa el más reciente libro de Martín Casillas: la del entusiasmo”… y, más adelante asegura que “estas páginas están atravesadas por un agradecible y, a veces, estoico sentido del humor. Abunda en citas y referencias, en dichos populares, en trasuntos de canciones y paisajes que ayudan a situar los acontecimientos referidos. Un talante jugetón que siempre elude las falsas solemnidades… la multiplicidad de situaciones y tiempos hacen que la obra rebase lo meramente anecdótico. Decía Borges que todo libro es una suerte de autobiografía y que todo escritor tiene, a lo más, tres o cuatro cosas que decir antes de entregarse al olvido… Algunas citas hacen, de alguna manera, surgir las anteriores reflexiones. Dice: ‘¿Por qué me negué a aceptar la realidad real? ¿Todo fue una pasión, un impulso lleno de placer, de entusiasmo y erotismo, negando lo material como si no existiera?’”

Los dos tienen toda la razón pues, cada quien encuentra en esto aquello que tiene que ver con ellos mismos pues esta escritura me ha servido de desahogo y, como bien señala Juan, con lo escrito: “Aprendí a levantarme después de la caída, sin importar la golpiza que me habían dado; y aprendí a hacer a un lado la depresión cuando había perdido casi todo lo que tenía… cada errata, así, cada caída –considerable en la vida, puntual en la edición, Martín Casillas de Alba muestra, ahora triunfante y en pie, su testimonio y su ejemplo. Celebrémoslo.”

Fui muy feliz y, por eso lo comparto con ustdes, aunque como Paz digo aseguro que “la memoria es el teatro del espíritu pero afuera ya hay sol: resurrecciones. En mí me planto. Habito mi presente.” (Si va a la FIL lo encuentra en el stand C14 de Grano de Sal + Bonilla y Artigas Editores).

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