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Domingo, 25 de Agosto 2019
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La historia del sapo I

Por: Sergio Aguirre

La historia del sapo I

La historia del sapo I

Va por ti, don Jacinto.

Viaje reciente. A Quintana Roo, no para ir a Cancún. Conocí a doña María Carolina, nacida en 1965 en Venezuela. Sabe escribir muy bien, y además cuento con la documentación que respalda su historia, su autorización, y va su texto con modificaciones sólo de espacios, eliminando sus datos de identificación, y cosas así:

“Querido Checo: se me ha hecho difícil redactar esta historia; muchas las emociones. Crecí en un país saudita, con una política triste, alternada entre dos partidos políticos llenos de ambición y corrupción, con una línea democrática embarrada de muy poco amor a la Patria y a sus electores, así fue como por treinta o treinta y cinco años más o menos. Nací en la República de Venezuela, un lugar hermoso, rico, abundante tanto natural como humano; y llegó la revolución, todos creímos en el cambio; y poco a poco se desdibujaba la Venezuela conocida, transformándose en un colectivo de incertidumbre y miedo, nos pasó como la historia del sapo, prendieron el fuego y no nos dimos cuenta hasta estar cocinados. Se ha vuelto un lugar de ansiedad colectiva, de no saber si puedes caminar dos cuadras sin pensar que te van a arrancar las bolsas del supermercado o donde una niña de seis años que entrega su bulto escolar a un malandro con pistola mientras el vehículo está parado en una fila en la calle.

“Las razones por las que no puedo estar en Venezuela radican básicamente en mi paz mental y mi salud, deje a mi hija, mi nieto, mi madre allá y salí corriendo. Mi nombre es María Carolina (con su número de identidad y pasaporte). Juro que lo que expondré a continuación es absolutamente cierto:

“Regresábamos de una reunión en el Este de Caracas a mi casa, ubicada en la urbanización Gavilán, zona rural a unos 25 minutos de la ciudad. El día 14 de mayo de 2016 como a las tres y media de la mañana en un vehículo pequeño y viejo, Abelardo el piloto, con Sasha mi hija de copiloto, atrás veníamos Matías mi nieto de 6 años y yo detrás del asiento de mi hija. Era una noche obscura y de mucha neblina, la visión era difícil.

“Llegando a la calle ciega donde vivía, al comenzar a subir noté luces por la parte de atrás del vehículo, por supuesto no era un carro pues las luces se veían individuales, cuando me volteo hacia el frente nos vemos rodeados de motos con chicos con armas en las manos, comenzamos a retroceder unos cincuenta metros para retomar la vía de regreso, el camino tiene un abismo a mano derecha, es una zona mal iluminada y además como dije había neblina, durante un recorrido como de dos kilómetros nos persiguieron disparando desde diferentes armas porque la detonaciones variaban en sonido y velocidad, llego un momento en el que el carro se detuvo. No anduvo más y nos alcanzaron las motos. Uno de ellos se bajó de la moto y baleó a quemarropa a Abelardo con dos tiros en la cabeza.

A mi amiga solo le tocaron dos balazos no mortales.

sergio@aguirre-consultores.com.mx / @seraguirre)

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