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Jueves, 21 de Febrero 2019

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La difícil marcha de la ciudad

Por: Juan Palomar

La difícil marcha de la ciudad

La difícil marcha de la ciudad

Es cuando una circunstancia inesperada sucede a la comunidad cuando caemos en cuenta del frágil equilibrio que guarda todo el funcionamiento urbano. Es el actual caso del desabasto de combustibles que ha venido a trastornar seriamente las actividades de la ciudad.

La vida citadina es un fenómeno de alta complejidad, en la que multitud de factores concurren para mantener una normalidad requerida por las actividades cotidianas. Servicios públicos, funcionamiento de redes e infraestructuras, junto con una amplísima actividad privada aseguran la continuidad del adecuado transcurso de las vidas de millones de habitantes. Con el desarrollo de las tecnologías y las naturales vías de intercambio y comercio el sistema funcional se extiende también a los contextos regionales y aun nacionales.

El desabasto de gasolina representa una dura prueba para ese funcionamiento. Las rutinas se alteran, la planeación de actividades productivas sufre serias afectaciones, y en general el desempeño cotidiano de muy amplias franjas de la población encuentra serios obstáculos para su desenvolvimiento. Mientras pasa, y esperemos que muy pronto, la contingencia, es útil reflexionar sobre el acostumbrado método para llevar adelante la vida cotidiana.

Ante la evidencia, no queda por lo pronto más que recurrir a la planeación cuidadosa de las diversas funciones y a la racionalidad de cada desplazamiento. La rutina apegada al uso intensivo de la gasolina, y específicamente al uso indiscriminado del auto particular, debe ser cuidadosamente revisada. Gobierno, empresas y particulares son capaces de estudiar detenidamente los movimientos que requieren el combustible y establecer planes emergentes con los que es posible disminuir significativamente su consumo.

Nunca será posible prever con la antelación necesaria cualquier circunstancia como la que actualmente atravesamos. Por ello, es preciso guardar siempre una prudente austeridad, asegurar la economía en bienes y servicios, hacernos conscientes de la complejidad de la vida urbana, sus riesgos y las posibles afectaciones al desempeño cotidiano. Y, ante esas circunstancias reducir en todo lo posible la vulnerabilidad de la vida diaria.

Sobre todo, es indispensable darnos cuenta de la condición comunitaria, solidaria, que es un factor esencial para la vida en las ciudades. Establecer redes de apoyo y ahorro, generar un convencimiento social acerca de la inevitable interdependencia que la vida urbana supone. Las autoridades deberán hacer lo necesario para asegurar con la máxima premura la actual situación de emergencia. Y la comunidad podrá establecer, dentro de sus hábitos diarios, procedimientos prudentes y razonables que aseguren una menor fragilidad para la marcha de la ciudad, que como todas, enfrenta retos y dificultades.

jpalomar@informador.com.mx

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