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Miércoles, 21 de Noviembre 2018

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Jardín con palomas al vuelo

Por: Martín Casillas de Alba

Jardín con palomas al vuelo

Jardín con palomas al vuelo

Todo cambia con el tiempo: las ciudades, los barrios, las casas, la gente, todo. Por eso, ya no vuelan palomas en la casa de Luis Barragán desde que el arquitecto transformó el palomar que había construido originalmente en 1947, cuando las palomas volaban por el jardín.

Hoy se abre al público la intervención del artista Danh Vo (Vietnam, 1975), invitado por Eugenia Braniff, directora artística de Estancia FEMSA, quien nos guió hace unos días en la pre-inauguración para conocer la intervención que hizo el artista. Esa noche volvimos a ver la casa para confirmar que Danh Vo respetó la obra, agregándole pequeños toques con unos arreglos florales, colocar conjuntos de velas rojas chinchilla encendidas en el comedor y en otros espacios, así como otras colgadas de sus pabilos en dos de los muros del estudio, restaurar una mesa de noche y varios pisos de madera, abrir el espacio y verlo rejuvenecido para que volviera a surgir la magia que tiene esta casa donde vivió y transformó el arquitecto Barragán desde que la construyó en 1947 hasta el final de sus días, el 22 de noviembre de 1988.

Danh Vo deseaba mostrar la ''interacción de los materiales con el ambiente y su transformación con el paso del tiempo'', y la tituló: Jardín con palomas al vuelo, inspirado en una fotografía que hizo Elizabeth Timberland en 1952, cuando ya no existía el palomar y, por eso, habían dejado de volar las palomas. Dahn Vo adopta ese título porque desea probar de qué manera impactan ''las transformaciones que se llevan a cabo con el paso del tiempo.''

Tiene razón Andrés mi hermano cuando dice que la única manera de disfrutar la arquitectura es ''estando en ella'' y no a través de fotografías o maquetas. Esa noche estuvimos ahí mismo disfrutando del espacio y volver a conmovernos al entrar a la recámara del arquitecto donde, por supuesto, logró que ''privara el plácido murmullo del silencio'', como se propuso hacerlo en todas sus casas y jardines, como lo dijo en el discurso que ofreció cuando recibió el Premio Pritzker en 1980.

Danh Vo ''revela los sistemas invisibles que trabajan detrás de escena para asegurar el funcionamiento de la casa, así como las tareas de conservación'', como con la que participó y que es parte de su intervención, junto con otras sutiles alteraciones, para permitir que el espacio hablara por sí mismo, pues sabía que ese era el escenario principal de su obra, con el cual podría lograr su propósito y los visitantes pudiéramos sentir ese impulso y ganas de habitarla, como decía Ignacio Díaz Morales que debía de ser el fin de toda obra arquitectónica.

Danh Vo invitó a trabajar a Ana María Albor para interpretar a cuatro manos los arreglos florales, como los que ella hace desde que empezó a trabajar con el arquitecto Barragán. Ahora lo hizo al lado del artista con todo y el toque oriental.

''Es increíble cómo la obra de Barragán ha logrado inspirar a los artistas contemporáneos. Nadie como él'', comentaba Jorge Gamboa de Buen, actual presidente de la Fundación de Arquitectura Tapatía Luis Barragán. Tiene razón: es increíble lo que ha podido y puede inspirar esta obra.
En el estudio, Dahn Vo colocó velas que mandaron hacer en Oaxaca, para colgarlas de sus pabilos, ''velas que aluden al linaje histórico de la tintura con grana cochinilla, una técnica prehispánica que sobrevivió el Virreinato'', ahora ordenadas por tonos: desde el rojo cochinilla, al rosa que utilizó Barragán en su comedor, gracias a las sugerencias de su amigo, ''maestro en ese difícil arte de ver con inocencia'', como era Jesús 'Chucho' Reyes.

Disfruté de la casa como hacía tiempo que no lo hacía y celebré poder volver a estar en esa obra de arquitectura mexicana del siglo XX en el ''plácido murmullo del silencio'' de este arquitecto, quien ''le toca anunciar en su obra el evangelio de la serenidad.''

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