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Miércoles, 19 de Diciembre 2018

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Jalisco ¿seguro?

Por: Armando González Escoto

Jalisco ¿seguro?

Jalisco ¿seguro?

A lo largo de estos seis años la inseguridad como un hecho y como una percepción no hizo sino crecer hasta niveles alarmantes. Sin duda constituye uno de los fracasos más sonados y terribles de la administración saliente, fracaso que por supuesto no afectó las percepciones salariales de los responsables ni trajo para ellos ninguna consecuencia, sobre todo para los altos mandos.

El sexenio inició con una tarjeta de presentación de quienes finalmente habrían de gobernar el estado, el asesinato de un secretario del gabinete a un costado de plaza Andares, y estuvo a punto de concluir con otro asesinato de igual nivel; en su lugar tuvimos el ambulantaje macabro de dos tráileres repletos de cadáveres, expresión más que evidente de la saturación delincuencial que ha vivido Jalisco.

Parte del discurso político de los que se van y de los que llegan, sobre todo quienes estaban ya desempeñando un cargo público y lo seguirán haciendo, fue darnos cifras de las cantidades de malandrines que las corporaciones policiacas capturaban día tras día, como si el asunto de la seguridad pudiera resolverse con comedias de policías y ladrones, ladrones que hacen quedar mal al gobierno y policías que le abonan. Lo que raramente vimos fue la captura y desintegración de los líderes de las bandas, y de los líderes de los líderes, que seguramente contaban con singulares fueros para seguir operando, si bien pagando su cuota.

En este asunto como casi en todos los demás, el sexenio fue un modelo de trabajo desvinculado, donde cada secretaría parecía trabajar por su cuenta, razón por la cual no hubo un verdadero proyecto de seguridad para Jalisco que involucrara en serio a las principales secretarías pertinentes, ya que el fenómeno delincuencial es multifacético y no se resuelve solamente acudiendo a medidas de presión, nuevamente, a la lucha entre policías y ladrones. Nunca supimos de un plan emergente, integral, emanado de las secretarías de educación, trabajo, salud, cultura, deporte, etc., o ni siquiera se les ocurrió o simplemente no hubo voluntad política para resolver el drama, juicio muy grave pues podría pensarse que Jalisco fue visto simplemente como un negocio del cual podían beneficiarse unos y otros siempre y cuando se ajustaran a las reglas ocultas que sólo ellos saben y manejan.

Tampoco fue visible la coordinación entre los Tres Poderes del estado, al contrario, todo el tiempo dieron la impresión de sabotearse unos a otros, de tal modo que si el policía arresta, el juez libera, y entre los dimes y diretes de unos y otros, quien pagó las consecuencias todo el tiempo fue la ciudadanía ¿y el Poder Legislativo? Bien cuidado por su notable número de guardaespaldas, avalando nuevos marcos legales que lejos de resolver el problema de la seguridad, lo empeoraron.

El sector privado no es que pudiera o quisiera hacer otra cosa que quejarse, prevenirse, aumentar el gasto en seguridad privada y de algún modo, resignarse a la situación; siendo como es un sector poco unido, jamás pudo presentar una verdadera ofensiva en defensa de la sociedad asolada por el crimen debocado, como sí ocurrió en Nuevo León o en Chiapas. ¿Cree usted que las cosas mejorarán con el inicio del nuevo sexenio?

armando.gon@univa.mx
 

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