Lunes, 21 de Junio 2021

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- Aire fresco

Por: Jaime García Elías

- Aire fresco

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Para algunos, debió ser simple coincidencia; otros, en cambio, quizás interpretaron el refrescante chubasco que cayó la noche del domingo en buena parte de la Zona Metropolitana de Guadalajara y en otras ciudades del país, cuando miles de ciudadanos recibían avances de los resultados de la jornada electoral del día, como un augurio de -en lo que cabe…- tiempos mejores.

-II-

¿También hay esta vez “otros datos” que sean como el dedo con que se pretende tapar la luz del Sol en pleno día…? “Ya veremos”, diría José Feliciano…

En lo que esa incógnita se despeja, al parecer hubo consenso en que el ejercicio en que participaron más de la mitad de los ciudadanos inscritos en el padrón, resultó más trascendental de lo que ordinariamente resultan las llamadas “elecciones intermedias”…

Más allá de las antipatías que seguramente generaron algunos candidatos a las 15 gubernaturas que se disputaron, y del chocante, grotesco espectáculo de que dos o más aspirantes al mismo cargo aseguraran tener “ventajas irreversibles” y se declararan triunfadores cuando muchos votantes aún hacían fila y todavía no se contaban los votos emitidos hasta ese momento, ninguna duda quedó de que, a diferencia de lo que sucedía en tiempos de “la dictadura perfecta”, las elecciones fueron limpias; los votos, libres; el conteo de los mismos, pulcro; los resultados, acordes con la voluntad mayoritaria de los ciudadanos, y plausibles por cuanto quien participa en una contienda democrática acepta a priori sus resultados… aunque no concuerden con el sentido de su voto en particular.

-III-

Los resultados, por lo demás, seguramente complacieron a los millones de ciudadanos que interpretaron la jornada como oportunidad para pronunciarse libremente, o a favor de todas las propuestas del abanderado de la “Cuarta Transformación”…, o, por contrapartida, a la necesidad de poner freno a un proyecto ostensiblemente autoritario, aunque no necesariamente dictatorial; de cerrar la puerta a la amenaza de que un gobernante, por legítimo que sea, decida mandar al diablo las instituciones que a la mayoría le parecen pertinentes y le resultan respetables, para imponer, sintiéndose iluminado (“la cuarta persona de la Santísima Trinidad”, dicen por ahí), su personal visión de asuntos que inciden en la vida de los demás.

De ahí que, como se apuntó al principio, no pocos ciudadanos interpretaran el refrescante chubasco de la noche del domingo, como un augurio de que la jornada electoral trajo, para los habitantes de todo el país, una buena, generosa, saludable corriente de aire limpio. Así sea.

jagelias@gmail.com
 

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