Sábado, 25 de Enero 2020
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Insectos confundidos

Por: Armando González Escoto

Insectos confundidos

Insectos confundidos

En este feliz Estado de Jalisco, en vías de refundarse, hasta los inocentes insectos sufren las consecuencias del narcisismo político. Primero les generan una euforia incomparable cuando conocen la noticia de que el fumigante usado para abatirlos estaba ya caduco desde hacía años, y luego les salen con que tal declaración había sido solamente una “estrategia mediática”, que el fumigante no caducaba sino hasta el próximo año o el próximo sexenio, lo mismo da. ¿A qué pueden atenerse los pobres moscos? ¿Acaso se puede pasar de la tranquilidad al pánico de un día para otro vía declaraciones?

De inmediato, los moscos más sesudos se pusieron a investigar qué significaba una “estrategia mediática”, mientras otros implementaban una encuesta entre sus congéneres sobre los efectos de fumigantes caducos que no han caducado, a la vez que se abría una carpeta de investigación para averiguar sobre las aviesas intenciones de los mosquicidas y la violencia de género en detrimento de su volátil especie.

El mosco-líder reaccionó rápidamente y detuvo toda esa parafernalia, era evidente la buena salud de todas las colonias, ¿para qué tanta averiguación? Allá los humanos que sigan haciendo declaraciones, mientras la mosquería se halle con cabal salud y en feliz reproducción, todo lo demás carece de importancia.

Por nuestra parte, el problema social sigue siendo el narcisismo político, es decir, ese afán de los funcionarios públicos por decir, declarar, informar, jurar y perjurar que todo, pero absolutamente todo está saliendo de maravilla desde el momento mismo en que asumieron el encargo, son como abuelos queriendo en estos tiempos explicar a sus nietecitos que los niños vienen de París, y claro, los niños de hoy los dejan en su buena fe, ¿para qué decirles la verdad?

Pero la ciudadanía no está conformada solamente por niños comprensivos o ingenuos que se tragan todo lo que se les da; para un ciudadano consciente vale mucho más un gobernante capaz de asumir logros y fallas con absoluta sinceridad que un Narciso informando que todo está mejor que nunca. El desfase social radica en que mientras la ciudadanía madura, la clase política se mantiene en el infantilismo del “yo no fui”, del “yo sí me porto bien”, del “fueron los otros”. Esta petulancia desfasada, apta para los tiempos pasados de la ceguera social, está además muy contaminada por las ambiciones que los políticos en funciones tienen en vistas a su futuro, pues se preocupan tanto de él que descuidan el presente real en el que viven y en el que deberían en todo caso labrarse ese anhelado próximo sexenio con resultados por lo menos honestamente expuestos.

¿Quién puede hoy día ignorar que la administración pública es todo un desafío? ¿O que el tema de la delincuencia no se puede resolver por un acto de magia? ¿O que la corrupción conserva su vitalidad de siempre y no se acabará por decreto? Somos conscientes de la complejidad del Estado y del país, pero se logra mucho más desde una postura sincera y abierta a la colaboración de todos, que desde un alto pedestal donde los nuevos tlatoanis pontifican como señores absolutos y en todo perfectos.

armando.gon@univa.mx

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