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Miércoles, 15 de Agosto 2018

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Indigencia

Por: José Luis Cuellar de Dios

Indigencia

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La indigencia, esa condición de absoluta carencia de lo más necesario para vivir, ha estado presente en el mundo desde siempre, el fatal fenómeno aumenta por la desigualdad cada vez más notoria y por el incremento de la población mundial, amén de las históricas luchas por imponer ideologías que en la mayoría de los casos han dejado una enorme estela de acumulación de poder y dinero en pocas manos. En nuestro país no es un tema menor este penoso y reprobable fenómeno, por lo contrario, México es el país con mayor porcentaje de indigencia de toda Latinoamérica, estadística vergonzosa por decir lo menos, se calcula que 14 millones de mexicanos viven en condición de calle, lamentable injusticia que se manifiesta con mayor notoriedad y énfasis en las grandes urbes, donde el doloroso espectáculo es triste, injusto y dramático. 

La indigencia no es exclusiva de edad o sexo, esta formada por niños, jóvenes y adultos que respondiendo crudamente a su condición, estos niños, jóvenes y adultos son altamente agredidos y discriminados, baste decir que su sola presencia da motivo a ser sujetos de sospecha y menosprecio. Cualitativamente, pocos casos han merecido la atención de gobierno y sociedad a través de programas de atención inspirados en cierta dosis de compasión, pero, cuantitativamente la mayoría han sido tratados con tal indiferencia que bordea la frontera de la inhumanidad.

En el fenómeno de la indigencia no se vale decir la mala suerte de la persona, se tienen todo tipo de casos, desde la provocada por la acumulación de una ralea de resentimientos hasta la intervención del malhadado destino. No son pocos los casos de personas que prefieren desprenderse de sus orígenes, negando incluso su verdadera identidad con tal de sepultar pasados trágicos o peor aun ominosos. ¿Vivir? En indigencia es soportar cotidianamente un persistente dolor artero y siempre en aumento. Acierta la Madre Teresa de Calcuta cuando dice: “no hay mayor pobreza que la soledad”, soledad que en muchos casos de indigencia es factor de muerte.

En Jalisco existen instituciones, públicas y privadas, que prestan con calidez y profesionalismo apoyo a este colectivo, con la advertencia arriba señalada, un mínimo de casos comparada con la población necesitada. El gobierno del Estado lo hace a través del Instituto Jalisciense de Asistencia Social, IJAS, por sus siglas y los municipios como el de Guadalajara por medio del Centro de Atención Integral de Personas en Situación de Calle, CADIPSI, por sus siglas —por cierto CADIPSI está por estrenar nuevas instalaciones con toda clase de infraestructura necesaria para el caso, enhorabuena—.

A manera de paréntesis cabe hacer una pregunta: ¿Para la atención a grupos vulnerables por qué no unir esfuerzos los tres niveles de gobierno, estableciendo políticas, métodos, normas y principios de atención, la burocracia se reduciría y los recursos serian mejor aprovechados?, cierra paréntesis.

Por otra parte, en lo que se refiere a la participación del sector privado, predomina la indiferencia, sí que existen instituciones verdaderamente ejemplares en todos sentidos pero son aquella cuyos costos quedan totalmente fuera del alcance de la gran mayoría de personas pertenecientes a este colectivo. Debemos reconocer que existen casos que son netamente patrocinados por la iniciativa privada, es cierto, pero no resulta suficiente. Total, injusta indigencia que hace que quien la sufre sea un muerto sin siquiera derecho a una tumba.

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