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Martes, 20 de Noviembre 2018

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Hagamos a Honduras grande de nuevo

Por: Leticia Bonifaz

Hagamos a Honduras grande de nuevo

Hagamos a Honduras grande de nuevo

Honduras forma parte del corredor mesoamericano. Una gran porción del país estuvo ocupada por la civilización maya. Copán fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 1980 por la importancia de los vestigios que van del preclásico temprano al posclásico. Honduras cuenta también con una gran riqueza natural. Tiene importantes reservas naturales, parques nacionales, volcanes, ríos y lagunas, además de tener la costa del Caribe y un golfo hacia el Pacífico.

Sus riquezas arqueológicas y naturales, sin embargo, no tienen el potencial de visitas deseable -que les generarían importantes divisas- por el flagelo de la inseguridad provocada por el crimen organizado y el fenómeno de las maras. San Pedro Sula ha sido considerado el lugar más peligroso de Centroamérica y ha ocupado un segundo lugar mundial en número de homicidios, después de Alepo, Siria.

Hay muchas tierras improductivas y ha bajado la producción de plátano y café por la baja de los precios internacionales. Honduras importa la mayoría de sus alimentos, consumen productos caros y de baja calidad. Una lata de atún, por ejemplo, cuesta más de tres dólares. Los sueldos son precarios. 75% de la población recibe menos de la remuneración de subsistencia (salario mínimo).

Honduras tiene una superficie casi equivalente a la península de Yucatán, pero con el doble de población. Yucatán, Campeche y Quintana Roo suman 139 mil 953 km2, Honduras tiene 112 mil 490 y una población de más de nueve millones. Los tres estados de la Península de Yucatán suman cuatro millones cien mil habitantes. La pirámide poblacional de Honduras sigue siendo pirámide. Su población sigue creciendo significativamente.

Los hondureños tienen una mala calidad de vida de acuerdo con el índice de Desarrollo Humano que elabora Naciones Unidas para medir el progreso de un país. Los datos del Instituto Nacional de Estadísticas de Honduras señalan que las personas en condición de pobreza representan 68% de la población, más de seis millones de personas. De este segmento, 44%, es decir 3.9 millones, vive en pobreza extrema.

Honduras experimenta uno de los niveles más altos de desigualdad económica en el mundo de acuerdo con el coeficiente Gini del Banco Mundial.

En educación, el panorama no es más esperanzador. Los niños más pobres sólo acceden a cuatro años promedio de educación y sólo tres de cada diez hondureños tiene acceso a la secundaria.

Parte de la recuperación moderada que ha tenido Honduras después de la crisis de 2009 se debe a inversiones públicas y a los ingresos de las remesas de los migrantes.

Además de todo esto, el país ha tenido poca estabilidad política y ha recibido ayuda intermitente y condicionada de Estados Unidos.

Después del recuento de datos, parece un sinsentido preguntamos: ¿Por qué quieren migrar los hondureños? ¿Por qué ponen en riesgo su vida y su salud? ¿Por qué migran familias enteras? ¿De qué huyen? ¿Qué los impulsa a abandonar su suelo?

El éxodo masivo que estamos presenciando tiene una clara explicación. Más que darles con la reja en las narices, más que cerrarles el paso, más que emitir juicios colmados de prejuicios, los países vecinos y las organizaciones internacionales tendríamos que redoblar esfuerzos para que el potencial de este país se aproveche. La mayoría de los hondureños depende de la agricultura para subsistir, con sus brazos han estado haciendo grande a otro país. Que lo hagan en la tierra que aman.

El proceso va a ser lento, requiere de nuestra solidaridad y experiencia. Colombia logró importantes transformaciones en ciudades que un tiempo estuvieron copadas por el crimen. Hay también algunas experiencias positivas en México. Es cosa de poner manos a la obra antes de que más pies se vean obligados a recorrer caminos sin retorno.

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