Guadalajara vivió su “reto Bird Box” y fue durante varias semanas.En la película protagonizada por Sandra Bullock, una mujer con sus dos hijos se ve obligada a hacer una travesía por un río, pero lo tiene que hacer a ciegas, con una venda en los ojos, ya que existe una amenaza de seres abominables que con sólo verles provocan tal nivel de terror que propician que las personas se suiciden.La mujer hace todo, pues, a ciegas. Y sale adelante.Así vivió la capital del Estado de Jalisco durante las semanas que duró el desabasto de gasolina. Los dueños de los casi dos millones y medio de automóviles que circulan por su calles se vieron obligados a salir a buscar combustible (en una ciudad a la que llegaba apenas 20% del que se necesitaba), pero totalmente a ciegas.Al no haber información puntual de qué gasolineras estaban despachando y a qué ritmo, los automovilistas, guiados en la mayoría de los casos únicamente por su intuición, formaban largas filas a la espera de conseguir algo de combustible. Pero precisamente por la falta de información hubo personas que se formaron durante horas en filas que resultaron totalmente estériles porque en muchos casos la gasolinera en cuestión nomás no abrió.Y además, ese ejercicio de hacer fila fue totalmente en solitario; imagine a los automovilistas sentados durante horas en su automóvil, y a diferencia de otras filas donde se puede platicar o por lo menos sonreír con el de adelante o el de atrás, o pedir que “le guarden el lugar” para ir al baño, en las filas para gasolina se estaba totalmente solo y en el desamparo.No hubo autoridad, ni federal ni estatal ni municipal, que apareciera para tratar de auxiliar a la población. El gobernador centró sus esfuerzos en forcejear con el director de Pemex, que al final resultó una figura de papel (ignorante de lo que pasaba en su empresa) ya que dos veces prometió gasolina y falló, y cuando realmente empezó a fluir la gasolina a la ciudad él no estaba enterado.A las autoridades locales, tanto diputados como presidentes municipales o regidores, tampoco se les vio aparecer para, por lo menos, solidarizarse con los miles de automovilistas que se vieron afectados.Y curiosamente, lo que mejor funcionó fueron los esfuerzos de los ciudadanos que con todas las limitaciones y errores del caso, estuvieron compartiendo mediante grupos de WhatsApp la ubicación de aquellas gasolineras donde había combustible, aquellas donde sí llegaban las pipas y un pronóstico estimado de la duración en las filas.Otra vez, ciudadanos ayudando a ciudadanos ante la ausencia de las autoridades.Una historia harto conocida en nuestro país, donde, al final, la ciudadanía se fortalece y las autoridades se debilitan.