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Martes, 18 de Septiembre 2018
Ideas |

Enseñanza, arte y libertad

Por: Dolores Tapia

Enseñanza, arte y libertad

Enseñanza, arte y libertad

Bueno, pues ayer fue el día de celebrar a todos los maestros. Sí, una especie de fenómeno social-floral que se adueñó de la ciudad. Por supuesto que creo que la labor docente merece ser reconocida y apapachada por todo lo alto, sin embargo creo que es un hacer sumamente sensible, lleno, atiborrado de texturas –necesariamente– finas. Y la verdad, perdón por la acidez, pero no cualquiera es un maestro aunque se pare en un salón de clases, ya sea en la primaria, en la secundaria, en la clase de danza, de karate, de música…

¿Usted recuerda a los maestros que le cambiaron la visión de la vida?

Yo sí, y a diferencia de ser un buen mecánico o un buen carnicero o un buen contador –carreras profesionales que merecen todo mi respeto–, los buenos maestros son gente extraordinaria  a nivel humano (y no es retórica, ni meme del Face),  los buenos maestros son gente que te mueve el corazón y te dejan la semilla de la provocación, la pregunta, incluso, y gracias a Dios, la conmoción. No cualquiera.

Yo… que me dediqué a las áreas de humanidades, pude darme cuenta que hay maestros que te pueden contagiar, incluso, su desilusión. Me tocó ver maestros que se relacionaban con la escritura, por ejemplo, desde la frustración porque ellos querían ser otra cosa… Como ahí ¿qué? ¿Se dan cuenta? O maestros que daban clases de periodismo y no tenían ni idea, manejaban la materia como una especie de relleno que terminaba en suero soporífero para todo el salón.

Recuerdo en mi vida a dos grandes maestros, no más. Uno en la primaria –en esa edad donde se necesita que reconozcan tus habilidades, que te guíen y que te muestren la belleza– y otro en la prepa… Creo, sin lugar a dudas, que mi maestro de la prepa amaba el teatro y eso definió mi camino futuro. Y amaba el teatro desde una posición crítica –porque él era así, esencialmente–, desde la investigación, la pregunta, las ansias de libertad. Era hermoso escucharlo, escurrir sensibilidad…  Yo construí después mi propio camino, pero la pasión con la que él creía y sigue creyendo en las cosas del fenómeno escénico, marcó mi corazón…

Los buenos maestros, impiden que sigas SU camino, hacen que busques el tuyo a través del encuentro con TU pasión, con tu manera, con el fondo de tu corazón. A estas alturas del partido, estoy segura que en las materias artísticas debe de ser así.

La idea de un buen maestro, tiene que ver con la capacidad de inspirar a otros a buscar sus propias ventanas, sus propios caminos, sus propias puertas.  El profundo camino del fenómeno creativo tiene que ver con encontrar tu propia voz, ¿cómo lo haríamos siguiendo las cuadraturas de otros? Hay que enseñar para la libertad.

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