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Jueves, 20 de Septiembre 2018

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El último músico-músico

Por: Jaime García Elías

El último músico-músico

El último músico-músico

Un ciclo dedicado al Rachmaninov Sinfónico era una asignatura pendiente –histórica, vale decir— de la Orquesta Filarmónica de Jalisco (OFJ). Dos de sus cuatro Conciertos para piano, segundo y tercero, son básicos en todos los repertorios y se han tocado muchas veces en Guadalajara. Algo que no sucede con sus sinfonías. Éstas, sin ser exóticas, no compiten en popularidad con los “caballos de batalla” (Beethoven, Brahms, Schubert, Mozart, Schumann, Mendelssohn, Tchaikowsky…), y, en consecuencia, poco se programan.
La Segunda Sinfonía (en Mi menor, Op. 27) del compositor ruso (1873-1943) ha sido calificada como “la más hermosa y romántica del más grande romanticista que haya existido” y como “obra maestra del último músico-músico” que voló sobre el pantano de las extravagancias modernistas, ya en pleno Siglo XX, sin mancharse el plumaje.

Con el joven director estadounidense Case Scaglione –sobrio, eficiente— como huésped en el pódium, la noche del jueves en el Teatro Degollado, la OFJ solventó exitosamente el alto grado de dificultad de la obra, especialmente por el desarrollo de las frases musicales en el primero y el cuarto movimiento y por las exigencias de la partitura para proyectar a veces la melancolía y a veces el lirismo que evocan a Tchaikowsky (por lo demás, el ídolo musical de Rachmaninov).

El fraseo, la limpieza del sonido y el equilibrio de secciones evidenciaron el alto nivel actual de la OFJ. El tema del segundo movimiento; el solo de clarinete, a  cargo de Jeslan Fernández, en el tercero (adagio); el clímax de ese mismo movimiento y el crescendo masivo del cuarto, así como la rotunda, inconfundible rúbrica del compositor, fueron los momentos estelares de la velada.

En compensación, la escasa concurrencia (media sala) y los aplausos impertinentes al final de cada movimiento, serían las piedritas en el guisado.

El programa incluyó, en la primera parte, “El Guerrero Águila y el Guerrero Tigre” (obra pródiga en cromatismos, percusiones y disonancias, cuya virtud mayor es la brevedad), de Samuel Murillo, y el Concierto para Contrabajo (con pasajes ágiles, a doble cuerda, pizzicatos y diversos recursos virtuosísticos para un instrumento poco propicio para el lucimiento, alternado con otros de gran sonoridad orquestal), de Tubin, con el joven Óscar Luque, venezolano, como solista.

El programa se repite este domingo, a partir de las 12:30 horas, en el mismo escenario.
 

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