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Viernes, 19 de Abril 2019

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El talante tapatío

Por: José M. Murià

El talante tapatío

El talante tapatío

A los cronistas de nuestra ciudad.

En la famosa y romántica obra del guerrerense Ignacio Manuel Altamirano (1834-1893) llamada Clemencia, considerada “como la primera novela moderna mexicana por su concepción estética y sus cualidades formales, su autor bautizó a nuestra ciudad de Guadalajara, a la que conoció bastante bien, como la “hija predilecta del trueno y de la tempestad”.

Ello se basa en que el hombre tuvo la oportunidad de permanecer aquí durante toda una temporada de aguas y, como es natural, le tocaron varios de esos impresionantes aguaceros que todos hemos visto caer. Por ello, decía también, “los hijos de esta tierra son broncos y están prestos siempre a desenfundar...”.

En cambio, Domingo Lázaro de Arregui, el cura de Tepic, quien en 1621 describió con acuciosidad a todo el Reino de la Nueva Galicia, después de recorrerlo casi por completo, afirmó que los tapatíos eran gente “muy cortesana en el lenguaje, traje y modo de proceder, muy socorridos, muy afables...”.

El minucioso historiador José López Portillo y Weber (1889-1874), conocido desde 1982 como López Portillo “El Bueno”, decía por su parte que el “tapatío bravucón y pendenciero, surgió mucho después...”. Esa paz y afabilidad de la que hacían gala quienes vivían en Guadalajara en el siglo XVII (del tiempo de Arregui y aún después) era debida a que “había pocos ricos y menos pobres, a que la enorme mayoría era gente de un mediano pasar”.

“Guadalajara es un lugar... de bastimentos muy baratos para el común sustento de todos sus vecinos”, escribió el historiador de la orden mercedaria Francisco de Pareja, en 1687, lo que fortalece la opinión lopezportillana.

Vale decir que Altamirano también dijo que los tapatíos saben ser de “temperamento dulce” al igual que su clima lo es durante la mayor parte del año.

Pero entre nosotros nunca estamos contentos. Cada temporada es lo mismo. Nunca falta quien perjure que el clima ya se echó a perder: ahora porque hace mucho calor, otrora porque “nunca había hecho tanto frío”. Démonos una vuelta por otras latitudes en pleno invierno o en el momento álgido de los calores y sabremos, según la frase de antiguos pobladores de estas tierras, “lo que es amar a Dios en tierra de indios”. Apreciaremos así lo bueno que tenemos en ésta y muchas otras materias, pero, ¡ojo!, la pendencia, la violencia y la pobreza, sí han sido consecuencia trágica de un crecimiento que no hemos sabido afrontar como es debido y de que se haya adelgazado tanto la proporción de clasemedieros que hubo antaño, para dar lugar a que ahora sólo sean unos pocos muy ricos y tantos tan y tan pobres.

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