Martes, 09 de Marzo 2021

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El arte de la simulación

Por: Diego Petersen

El arte de la simulación

El arte de la simulación

Si Peña Nieto inauguró, con placa y todo, el “inicio de las pruebas totales” de la Línea 3 del Tren Ligero de Guadalajara cuando le faltaban cinco mil millones de pesos para terminarla, qué nos extraña que López Obrador corte el listón de un aeropuerto que hoy es sólo una pista de aterrizaje. Lo único extraño, en todo caso, es que digan que no son iguales, y peor: que se ofendan cuando los comparas.

La política es por definición performática, es decir, tiene una buena parte de puesta en escena. Para transformar hay que teatralizar la transformación, hacerla evidente, mostrarla. En mayor o menor medida todos los políticos son simuladores, o si se prefiere, usan la simulación como herramienta para alcanzar los objetivos buscados. Por eso tienen fama de mentirosos. 

Hacía mucho que no teníamos un presidente y un gobierno tan simulador: vende y rifa un avión sin avión; inicia una campaña de vacunación antes de tener la vacuna...

Hacía mucho que no teníamos un presidente y un gobierno tan simulador como el de López Obrador: vende y rifa un avión sin avión (de hecho, su estatus no ha cambiado, lo seguimos pagando y seguimos pagando el mantenimiento); inicia una campaña de vacunación antes de tener la vacuna; combate la corrupción sin corruptos; se dice transparente y cierra el acceso a la información; tenemos un nuevo sistema de salud como el de Dinamarca aunque el gasto por habitante sea menor incluso que en el sistema anterior; combatimos la pobreza, pero hay más pobres; se acabaron las masacres, aunque éstas sucedan cada semana, etcétera. El presidente sabe que los cambios llevan tiempo, que son procesos no lineales y que la percepción es el principal motor de la transformación. 

¿Tiene límite la simulación? Por supuesto y a cada vuelta de tuerca el riesgo es mayor. El rey desnudo en el cuento “El traje nuevo del emperador” es la mejor metáfora de este límite; si se corre la voz, y la gente cree que efectivamente hay un engaño, el castillo de naipes se derrumba. Peña Nieto pasó de ser el salvador del país, el héroe de la transformación en las portadas de las revistas internacionales, al presidente inepto, insensible y corrupto en meses. Vicente Fox pasó del gran demócrata que sacó al PRI de Los Pinos después de setenta años a ser el pájaro bobo de la política mexicana en un tris. El riesgo para López Obrador ahí está.

Pero igual de cierto es que la percepción es la mejor manera de ganar tiempo y conservar el poder. Mientras una mayoría de mexicanos crea en la transformación, ésta es posible. De ahí la importancia de mantener el monopolio de la enunciación, ser él y sólo él quien condena y perdona, quien juzga y absuelve, quien abre y cierra la puertas a los alteres de la Patria, el cadenero de la historia.

Bienaventurados los que creen, porque de ellos es el reino simulado.

diego.petersen@informador.com.mx

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